32.000 personas con dietas y trenes pagados. 32.000 personas entre los que se encuentran, como bien los bautiza Pablo Molina, el procejariado. Todo un espectáculo de fin de semana prenavideño.
El lema de tan gran evento que circulaba ayer por las calles de Madrid no era más que una misteriosa frase en que no existía sujeto alguno, “Que no se aprovechen de la crisis”
¿Qué no se aprovechen de la crisis? ¿Quién?, me pregunto yo, ¿Quién no debemos dejar que se aproveche? ¿A quien no consienten los sindicatos que se aprovechen de la actual situación económica?
Pues señores, la respuesta parece ser, nada más y nada menos, que los empresarios. Acabáramos. Insultante escenificación de un supuesto recuerdo de una lucha de clases propia del siglo XIX en todo su esplendor.
Analicemos la cuestión. Entenderíamos que los sindicatos, en un momento como el actual, se manifestara, por supuesto que lo entendemos.
Porque somos un país que dobla la media de desempleo de la Unión Europea, porque fuimos los reyes de los contratos temporales como se observa en los datos del Banco de España, porque nuestro PIB ha caído en picado, porque se ha permitido que el índice de confianza de los consumidores sea 20 puntos más bajo que la media de la zona euro, porque en 2008 vimos como nuestro superávit se había reducido a la mitad en apenas un año.
Porque nuestro sistema productivo obsoleto, basado en la construcción, que llegó a ocupar un 39,4% del PIB, y el turismo, no se modificó en tiempos de bonanaza, porque cuando se debió actuar no se hizo nada, porque no se hizo caso a fuentes autorizadas como la OCDE cuando nos avisaban, ya en 2005, que debíamos afrontar reformas estructurales si no queríamos vernos abocados a una crisis como la actual, porque no sirve excusarse en la crisis financiera internacional que lo único que ha hecho es empeorar la grave crisis económica que iba a producirse indudablemente en España.
Porque se ha permitido que España ocupe los puestos de cola en tecnología y en productividad según el Eurostat, porque sufrimos una altísima dependencia tecnológica, de alrededor de un 25% según el Banco de España, porque en este año, de 100 euros que España paga de royalties solo ingresa 19, lo que nos hace comprobar el escaso desarrollo tecnológico, la escasa ayuda e importancia que se da a la investigación, el escaso número de patentes y nuestra necesidad de importar, porque, a pesar de que actualmente nos estén salvando las exportaciones, somos uno de los países que menos exportamos, representando un lamentable 1,7% de las exportaciones mundiales en 2008, según la OMC, frente a un 9,1% de Alemania, precisamente por las bajas cotas de competitividad que nos sitúan en un ridículo puesto 33 en el ranking mundial.
Porque nuestros resultados en innovación son muy limitados, porque no se ha invertido en I+D+I, que se ha visto reducido este año en un 3,1%, porque no se han dado incentivo alguno para mejorar, para investigar.
Porque se ha permitido destruir progresivamente el tejido industrial, porque se ha obligado a que para nuestros empresarios las deslocalizaciones sean una necesidad, porque la liberalización económica está lejos de los niveles de otros países europeos, porque para poner en marcha una empresa nos cuesta el triple de tiempo que la media de la OCDE, porque nuestros costes laborales doblan a los de la media de la zona euro, lo que nos resta producitividad y competitividad…
Porque nada se hace para mejorar nuestro sistema educativo y conseguir así que nuestras futuras generaciones pudieran desarrollar sus capacidades en investigación, mejora de la producción, de la competitividad, que lideraran un cambio de sistema productivo español que posicionara a España en un lugar digno y propio de la zona euro.
Porque no debemos dejar que esto vuelva a sucedernos. Porque debemos estar preparados.
Porque no podemos consentir que el desempleo en España roce el 20%.
Porque la media de desempleo de los jóvenes ya es 42,9% y no vemos un futuro mejor en nuestro país…
¿No son suficientes motivos para manifestarse? Yo creo que sí. Pero no precisamente contra los empresarios. Porque es el sector empresarial el que más perjudicado se ha visto con la crisis y con el los empleados, quienes se han visto obligados a realizar esos temidos ERE’s, lo cual no supone un significado precisamente positivo.
Es al sector empresarial al que ha de apoyarse, aportar incentivos, mejoras, grandes cambio. Es el sector empresarial el que ha de fortalecerse para que las cotas de desempleo puedan descender y nuestros gastos en los Presupuestos Generales dejen de representar en unos porcentajes ya olvidados subsidios y ayudas por desempleo.
No queremos ayudas por estar desempleados. Si se quiere luchar por algo, que no sea por una lucha de clases decimonónica, que sea para que todos, porque todos vamos en el mismo equipo, podamos aumentar nuestros índices de innovación, de productividad, de competitividad, de demanda y por tanto, por supuesto, de empleo y mejora de la calidad de vida.
Todos a una. Modifico el lema: Que la crisis sea un motivo de cambio.
