Archivo para abril 2010

Paseos cubanos…

abril 28, 2010

Y tras los posts de reflexiones filosó-psicologicas, paso a comentar nuevas historias, aunque de nuevo suponga aún esa curva de inflexión hasta llegar a la actualidad de nuestra querida España de la que tanto tenemos que comentar.

Y digo que aún será de inflexión porque hace apenas una semana que volví de un gran viaje a Cuba, y tras varios días en la Habana, de paseos y de conversaciones realmente interesante con gente de lo más pintoresca o de lo más habitual en este país en otros casos, no puedo dejar pasar la oportunidad de comentar en este blog lo visto y aprendido.

Por mucho que estudie Ciencias Políticas, que estudiemos la historia cubana y su sistema político y social, nunca es todo tan real y clarificador como cuando uno lo vive en primera persona.

Es complejo, realmente complejo. Y difícil hacer predicciones sobre el futuro de Cuba y de los cubanos.

La Habana es una ciudad con encanto, con un “algo” especial, que, ciertamente, hace cincuenta años debió ser una auténtica preciosidad. Los edificios seguían conservando ese gran estilo colonial, con grandes columnas, preciosos balcones, virguerías en las fachadas. Pero hoy, esas mismas casas se mantienen en pie y se caen a trozos, conservando ese aire señorial en su fondo, resistíendose a perderlo a pesar del paso del tiempo que, sin embargo, no tiene piedad alguna y la pintura, las finuras, se pierden y todo adquiere un tono muy característico de Cuba. Una grandiosidad que se resiste al cambio, manteniéndose en el pasado, con un aire caduco con miedo al tiempo.

Las viviendas, ¿para que gastar en su mantenimiento? Si no te pertenece, nunca lo hará de hecho, no la podrás vender nunca por que no es de tu propiedad. Y así continuamos. Así con todo.

La dejadez, una desidia poco festiva como es propia en estos países latinos desluce algo la magia habanera. Poco merece la pena el esfuerzo personal, los estudios, los retos, el trabajo bien hecho.

Uno ya puede sacarse una carrera de, por ejemplo, como es uno de los casos que escuché, psicología. Eso no te libra de recurrir a las más diversas estratagemas para llevar una vida digna, porque el suelo medio que consiguirás rondará los 200 pesos cubanos, aproximadamente unos 12 dólares.

Peso cubano, una moneda que convive con el peso cubano convertible que es el que nosotros, los turistas llevábamos en el bolsillo y que equivalía poco más de un euro. Con el primero se podían comprar víveres, productos muy básicos, medicamentos extremadamente básicos y muy baratos en las farmacias para los cubanos. Con el segundo, la diferencia básica era el valor y con él puede comprarse cualquier cosa que se necesite, ropa, gafas, medicinas… Hay que ir con cuidado de no confundir uno con otro, porque con 3 pesos cubanos, lo más que puede hacer un turista es guardárselo de recuerdo.

Cierto, salud y educación garantizadas, pero qué salud y qué educación.

En los colegios nos pedían a los turistas material, los viandantes cubanos nos pedían medicinas, productos del baño y los niños sonreían cuando se les daba un bolígrafo.

Sí, la Habana me gustó, pero lo cierto es que dió para muchas reflexiones sobre un sistema que ya está obsoleto y que, a día de hoy no se mantiene ni puede justificarse.

¿Cual será el futuro? No lo se. Sobre el papel hay varias teorías y la deseable es el cambio paulatino, que la apertura económica que ya se está produciendo se consolide, que la democracia se establezca, que no haya miedo a hablar, que el principio de la libertad y la meritocracia y la cultura del esfuerzo se vean compensados.

Los tres días en Varadero los dejo para una charla mojito en mano.

Puntos de inflexión

abril 28, 2010

Al comenzar a leer este post lo lógico será pensar que para el tiempo que llevo sin actualizar, resulta cuanto menos extraño que escriba esto.

Pero supongo que es precisamente por ese motivo, por el tiempo de dejadez y de abandono de este espacio, por lo que decido retomarlo así. Ya habrá tiempo de política, de críticas, de quejas. Y no, no me he olvidado de nada de ello ni he desconectado del mundo.

Hoy quiero hablaros de algo importante que me ha sucedido. No es que me hayan dado un empleo. Tampoco me han dado ningún premio. No. El hecho que os comento ha durado dos horas y ha sido una simple charla.

Parece extraño que una conversación con amigos pueda ser algo que te marque tanto que para uno suponga un punto de inflexión, que suponga algo inolvidable, pero yo, quizá por mi forma de pensar y de ver el mundo, estoy convencida de que es muy posible.

A veces no le damos suficiente importancia a aquellas personas que siempre han estado ahí y, precisamente por esto, se las relega a un segundo plano, en la recámara. Y sin embargo, cuando temes perderles, te percatas de lo importante que eran. Por eso, comprobar que siguen estando a tu lado, que todo sigue exactamente igual a como era antes, que siguen queriendo ayudarte, consigue infundirte una sensación de gratitud y de felicidad indescriptible en estas lineas.

Por eso, un nuevo reencuentro, una charla, unas cervezas, recordar grandes momentos y unas risas, son la mejor cura para toda preocupación. Pero, no mejor, pero sí diferente e igualmente grandioso, es el que, en caso de preocupaciones, esas amenas charlas se convierten en escuchas activas, en consejos, en advertencias, en luciones, en ánimos, en apoyo incondicional.

Por todo esto hoy se que lo importante es que sea feliz, pase lo que pase y haga lo que haga Que decida lo que decida sea por uno mismo. Que nunca te sientas por debajo de nadie, que nunca nadie ose hacerte sentir inferior.

He aprendido que no podemos hundirnos, que las cosas vienen solas, que tengo que disfrutar de mi vida, de cada hora, de cada minuto que pase. Vivir tranquilo porque todo llegará, que hay que ir paso a paso, poco a poco, sin agobiarse por el qué vendrá, por el qué sucederá. Que todos tenemos problemas pero que eso no supone que nuestra situación, aunque a veces nos lo parezca, sea la peor, no “nos pasa todo a nosotros”. Que todo cambia muy rápido, que si algo no sale, otra puerta se abrirá, que lo importante es ser feliz con lo que se haga, aunque no sea lo que teníamos planeado en un principio, convencidos y obcecados en ello, que la vida da demasiadas vueltas. Que debemos centrarnos en el presente, en lo que debemos hacer día a día, hacer lo que nos gusta, leer, pasear, charlar, escribir, estudiar, sacar todo el provecho que guardamos dentro de nosotros, que es mucho, el futuro vendrá aunque no lo queramos. No podemos dejar que ningún remolino nos arrastre hasta ningún sitio.

Porque, convenceos, valemos. Valemos mucho.

Que lo importante es uno mismo, que lo importante es saberse querido por una familia, por unos amigos y saber que, cuando lo necesites, sentirás a alguien a tu lado, aunque esté lejos, aunque en ese momento no lo tengas, simplemente sabes que lo tienes.