Puntos de inflexión

Al comenzar a leer este post lo lógico será pensar que para el tiempo que llevo sin actualizar, resulta cuanto menos extraño que escriba esto.

Pero supongo que es precisamente por ese motivo, por el tiempo de dejadez y de abandono de este espacio, por lo que decido retomarlo así. Ya habrá tiempo de política, de críticas, de quejas. Y no, no me he olvidado de nada de ello ni he desconectado del mundo.

Hoy quiero hablaros de algo importante que me ha sucedido. No es que me hayan dado un empleo. Tampoco me han dado ningún premio. No. El hecho que os comento ha durado dos horas y ha sido una simple charla.

Parece extraño que una conversación con amigos pueda ser algo que te marque tanto que para uno suponga un punto de inflexión, que suponga algo inolvidable, pero yo, quizá por mi forma de pensar y de ver el mundo, estoy convencida de que es muy posible.

A veces no le damos suficiente importancia a aquellas personas que siempre han estado ahí y, precisamente por esto, se las relega a un segundo plano, en la recámara. Y sin embargo, cuando temes perderles, te percatas de lo importante que eran. Por eso, comprobar que siguen estando a tu lado, que todo sigue exactamente igual a como era antes, que siguen queriendo ayudarte, consigue infundirte una sensación de gratitud y de felicidad indescriptible en estas lineas.

Por eso, un nuevo reencuentro, una charla, unas cervezas, recordar grandes momentos y unas risas, son la mejor cura para toda preocupación. Pero, no mejor, pero sí diferente e igualmente grandioso, es el que, en caso de preocupaciones, esas amenas charlas se convierten en escuchas activas, en consejos, en advertencias, en luciones, en ánimos, en apoyo incondicional.

Por todo esto hoy se que lo importante es que sea feliz, pase lo que pase y haga lo que haga Que decida lo que decida sea por uno mismo. Que nunca te sientas por debajo de nadie, que nunca nadie ose hacerte sentir inferior.

He aprendido que no podemos hundirnos, que las cosas vienen solas, que tengo que disfrutar de mi vida, de cada hora, de cada minuto que pase. Vivir tranquilo porque todo llegará, que hay que ir paso a paso, poco a poco, sin agobiarse por el qué vendrá, por el qué sucederá. Que todos tenemos problemas pero que eso no supone que nuestra situación, aunque a veces nos lo parezca, sea la peor, no “nos pasa todo a nosotros”. Que todo cambia muy rápido, que si algo no sale, otra puerta se abrirá, que lo importante es ser feliz con lo que se haga, aunque no sea lo que teníamos planeado en un principio, convencidos y obcecados en ello, que la vida da demasiadas vueltas. Que debemos centrarnos en el presente, en lo que debemos hacer día a día, hacer lo que nos gusta, leer, pasear, charlar, escribir, estudiar, sacar todo el provecho que guardamos dentro de nosotros, que es mucho, el futuro vendrá aunque no lo queramos. No podemos dejar que ningún remolino nos arrastre hasta ningún sitio.

Porque, convenceos, valemos. Valemos mucho.

Que lo importante es uno mismo, que lo importante es saberse querido por una familia, por unos amigos y saber que, cuando lo necesites, sentirás a alguien a tu lado, aunque esté lejos, aunque en ese momento no lo tengas, simplemente sabes que lo tienes.

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