Archivo para septiembre 2010

29-S, nada más que decir

septiembre 29, 2010

Un día como hoy se merece un post en condiciones.

Y es que hoy, 29 de Septiembre, se celebra, aunque debería sustituir este verbo por el de padecer, en España la primera huelga general de la era zapateril.

Y es que no puede extrañarnos este hecho. Empecemos por el principio. Zapatero llegó al Gobierno en 2004 heredando unas cuentas saneadas, con un suprávit en las arcas públicas, la economía española en pleno crecimiento y la población optimista.

Ya en 2005 la OCDE nos avisaba que debíamos emprender cambios estructurales en nuestro sistema económico porque el sistema productivo sobre el que andábamos tan plácidamente y tan ingenuamente felices corria un grave peligro de derrumbarse porque ya comenzaban a asomar grietas que se harían visibles paulatinamente.

Pero ni tan autorizada fuente influyó mínimamente en las decsiones de nuestro ejecutivo que, irresponsablemente, dejaba a España y los españoles que bailotearan sobre ese suelo resquebrajado mientras se dedicaba a malgastar el dinero público ya que, como sin ningún complejo advertían que el dinero público no era de nadie.

Así que no se tomó medida alguna, se continuó en la dinámica que existía por inercia y todas aquellas medidas que debían acometerse entonces, en tiempos de bonanza, se desecharon por impopulares y quizá entonces incomprendidas por los ciudadanos españoles, por mero electoralismo de miras cortoplacistas.

Sin embargo, era entonces momento de aprovechar el buen funcionamiento económico para emprender los cambios necesarios, para encontrar una reforma estructural que ya se sabía imprescindible porque nuestra economía, basada prácticamente un 40% en la construcción, iba a derrumbarse, para mejorar nuestra competitividad porque ya sabíamos que los países emergentes nos estaban ganando la partida y nuestro tejido industrial se estaba ya entonces deshaciendo, para conseguir unos valores fuerza que nos dieran la oportunidad de ser punteros en diferentes ámbitos e invertir en I+D+I, para aumentar nuestra productividad porque ya sabíamos que nuestro país ocupada puestos de cola y necesitábamos urgentemente mejorar, recortar los costes laborales, agilizar la administración y recortar drásticamente los costs y el tiempo que supone poner en España en marcha una empresa.

Y, por supuesto, era aquel el momento de realizar determinadas reformas fiscales, porque se nos avisó de la que se nos podía venir encima y, en vez de guardar para los momentos de flaqueza, recortar gastos y, quizá sí, aumentar determinadas fuentes de ingresos, se optó por malgastar el dinero de los españoles en mantenerse aferrado al poder durante todo el tiempo que fuera necesario, untando a unos y otros, sin excluir, por supuesto, a sindicatos de forma particular.

Llegada la crisis que se quiso obviar, maquillar, olvidar, pero que finalmente no se tuvo más remedio que admitir al aparecer en todos los medios de comunicación y en las conversaciones de los españoles constantemente escrita la palabra crisis, vinieron los problemas.

Se retrasó todo lo que se pudo la confrontación con aquella maldición venida de, según algunos, tierras lejanas del far west y el demoníaco proceso globalizador, aunque era por todos conocido que en España nos desayunábamos también nuestra propia crisis económica.

Y mientras, cada vez más españoles perdían su trabajo, cada vez más empresas echaban el cierre, cada vez más jóvenes veían sus esperanzas truncadas, cada vez la economía retrocedía, el consumo disminuía, los pagos de aplazaban o cancelaban y el optimismo se sustituía por un amargo pesimismo y miedo ante el futuro incierto que se cernía sobre España.

Durante ese tiempo los pactos con diferentes partidos, usualmente nacionalistas aunque de billetera y propaganda, y las buenas partidas de subvenciones a los sindicatos consiguieron que el Gobierno español siguiera en su camino de no hacer nada y mantenerse en el poder.

Todo aquello terminaría estallando y desde la Unión Europea y otras instituciones internacionales además de países como EEUU o incluso China, nos exigía acometer reformas muy urgentes. Fue entonces cuando Zapatero y sus acólitos no tenían más remedio que encerrarse en un despacho y empezar a escribir en noches de desesperación, movidos por la urgencia y la improvisación del momento para salir del atolladero.

Congelación de pensiones, disminución de salarios de los funcionarios, recortes de servicios sociales, abolición de medidas sociales anunciadas a bombo y platillo, aumento de impuestos… Medidas que, además de improvisadas, eran comunicadas de forma aturullada, balbuceante, incoherente, insegura, dando pasos hacia atrás y hacia adelante, corrigiéndose entre los miembros del Gobierno o retractándose de lo dicho hacía unas horas por no saber muy bien de qué forma se iba a hacer todo aquello.

Y llegamos a la llamada reforma laboral española, capítulo aparte de todo esto, una reforma que a mi parecer es una preciosa oportunidad perdidad para conseguir realmente un sistema laboral acorde con la situación española y que mejore en un futuro nuestra economía.

Y este, supuestamente, es el motivo del enfado definitivo de los sindicatos que ha tardado varios meses en materializarse en forma de Huelga General.

Unos sindicatos apesebrados, receptores de subvenciones y ayudas con que financiar su aparato y sus comidas y viajes y sus horas extra, que ya dejaron hace mucho de responder a la razón que les vio nacer en el XIX, que ya no defienden a los trabajadores sino a sus propios intereses.

Porque si realmente en algún momento hubieran defendido a esos trabajadores que ahora reclaman su derecho a huelga, hubieran salido a la calle hace mucho, hace años, especialmente cuando los trabajadores dejaban de serlo víctimas de un paro acuciante contra el que el Gobierno no hacía absolutamente nada más que observar pasivamente, no habrían atacado a los empresarios con movimeintos como el que observamos lastimosamente el Diciembre culpándoles de aprovecharse de una crisis que no hacía más que cebarse con ellos, obligándoles a cerrar su sustento y viendo desmoronarse todo aquello en lo que invirtió su dinero y esfuerzo, hubieran presionado al Gobierno para que emprendiera medidas para solucionar todo aquello y, por supuesto, y aunque parezca secundario, no habrían dado muestra de un total desprecio a trabajadores y empresarios con videos y comilonas.

Los españoles ya no confían en los sindicatos, y prueba de ello es la escasa repercusión que por los trabajadores habría tenido esta huelga a pesar de las enormes razones que el Gobierno ha dado para protestar contra él. Sin embargo, el miedo a los piquetes y a las represalias ayudará mínimamente a disimular ese desastre que quedará más ocultado por el día escogido coincidiendo con diversas huelgas en diferentes países europeos.

Lástima que haya aún quien piense que el derecho de huelga prevalece sobre el derecho al trabajo. Porque significaría que todos los españoles tenemos un trabajo al que no acudir en esta jornada.

Una ruta por el PSPV

septiembre 22, 2010

Soy consciente de que hoy todos los blogs y foros de opinión de toda naturaleza estarán comentando las palabras que, aunque sutiles en volumen no han tenido nada de diligentes ni prudentes, ha soltado Zapatero sin ningún tipo de rubor si es que aún le quedaba alguna clase descnocida de vergüenza tras todas sus glorias en actos y en declaraciones.

Precisamente porque soy consciente del eco mediático que ha tenido la frasecita “lo importante es la foto” en su encuentro con el sátrapa monarca alauí, ignorando todo deber de defensa de la dignidad y la integridad de la Nación española, esta vez me desmarcaré y hablaré brevemente de mi querida tierra, la Comunidad Valenciana.

Y es que lo de esta noche ha tenido su gracia.

Recordando este verano y los periódicos que lo adornaban, me vienen a la mente aquellas fotos, idas y venidas y luchas internas en el PSM durante los meses estivales. Después del posicionamiento de Zapatero, de ministros, de militantes de peso, después de achacarse culpas del lío formado, de traición y de algún que otro asunto curiosamente coincidente, llega el tiempo de los avales. Tomás Gómez ganaba por goleada en avales a Trinidad Jiménez, pero sospechosamente, en prácticamente 24 horas, la ministra consigue recortar diferencias a pasos agigantados.

Y este asunto me lleva a la Comunidad Valenciana, porque aquí también corren los avales en el Partido Socialista.

Ya teníamos lío montado con la súbita existencia de dos candidatos para sustituir a Alborch en la lucha por la alcaldía de Valencia contra la imparable Rita Barbará al salirse del guión un Manuel Mata que se contraponía al candidato de Alarte, Calabuig, de quien además ahora trascendían unos videos de su apoyo entusiasta a Ximo Puig en aquel entonces.

Así que, por líar más la madeja, Antonio Asunción le planta cara a Jorge Alarte para ser el candidato que se enfrente en las elecciones a Francisco Camps, y anoche, Asunción anunciaba que ya contaba con los avales suficientes para que las primarias se convocaran

Sin embargo, esta mañana nos desayunábamos con la noticia de que finalmente no se celebrarán esas primarias porque, al parecer, esos avales no son válidos. Hay firmas duplicadas, militantes sin el pago de la cuota o, simple y llanamente, firmas que no son siquiera de militantes socialistas.

Así que nos quedamos con las ganas de fiesta.

Sin embargo, aunque en los momentos actuales, sea quien sea el candidato final del PSPV no podrá llevarse por delante a Camps, es obvio que Asunción arrastraría más votos que el débil Alarte quien ya ganó sus propias primarias por la mínima. Con la bandera de la honradez política se presentaba ante aquellos que en la Comunidad se encuentran desamparados por no tener una oposición ni una alternativa a quien votar.

Solo falta por meter en este escenario al polémico estos días Angel Luna del que oiremos hablar mucho en este curso político. Y es que el que se presentaba como adalid de la honradez y exigía dia sí, día también en Les Corts todas las pruebas de la inocencia de Camps y su dimisión del cargo, ahora está en el punto de mira por haberse destapado su estrecha relación con el empresario imputado en el caso Brugal Enrique Ortiz, y los beneficios que de ésta relación pudo sacar tras dejar la alcaldía de Alicante.

Ahora es el PPCV quien pide su dimisión en pro de la coherencia, aunque, honestamente, creo que las cosas deberían dejarse como estar, en este caso en pro de Camps. Porque si lo pensamos fríamente, ¿con qué autoridad moral se presentaría en caso de que Luna dimitiera por estos sucesos?

Como siempre he dicho, Virgencita, Virgencita que me quede como esté.

Abierto por fin estival

septiembre 20, 2010

Esta tarde he retomado uno de mis caprichos o costumbres de cada tarde en la Universidad, bajar al primer piso, llegar al final del pasillo de la izquierda y tomarme un capuccino de la que considero es la mejor máquina de la facultad mientras miro por la ventana hacia el edificio de audiovisuales.

Durante ese tiempo he estado pensando. Por fin mi último año en la Universidad, vislumbrando ya el final de mi segunda carrera, Ciencias Políticas. Parece que no haya pasado tanto tiempo desde que todo empezó, pero me da la sensación que mi vida realmente comenzó el día en que entré en aquella Universidad que tantas oportunidades me ha dado y tantas experiencias he vivido.

De nuevo de vuelta aunque con una nueva sensación, asomando el final de una etapa y miles de vías abiertas que experimentar, que aceptar, que rechazar.

Ha sido un gran verano realizando prácticas en la Dirección General de Inmigración y Cooperación en Valencia, con pequeñas escapadas como la de Bilbao a la Semana Grande, o el ya tardío viaje en Septiembre a Lanzarote, un gran lugar donde perderse. Y, como no, la grandísima experiencia vivida gracias a la cadena Intereconomía al organizar el concurso El candidato de El gato al Agua y haberme seleccionado para concursar tras haber visionado el video que casualmente y a última hora envié. Fueron dos programas y, a pesar de no haber pasado de semifinales, me dio tiempo de aprender muchísimo e incluso de conocerme más a mi misma y a tener más confianza.

Así que a pesar de este tiempo de ausencia no voy a pedir disculpas como suelo hacerlo. No ha habido desconexión de la actualidad como sucede otros veranos o etapas, solamente lo he canalizado hacia diferente dirección.

Así que comenzamos una nueva etapa en forma de nuevo curso político. Y no se trata de uno cualquiera. Se trata del curso político por excelencia, el que terminará en Mayo con unas elecciones que ansiamos con la esperanza puesta en la mejora y el cambio.

Me perdonaréis si os traslado desde aquí mi desánimo y mi desencanto de la vida política. Siempre he tenido una serie de ideales que continúan en pie, siempre he creído en la política, siempre he creído en la naturaleza virtuosa del hombre, siempre he pensado que una situación errónea puede conseguir cambiarse. Pero quizá me equivoque y he basado mi pensamiento en una utopía inútil imposible de alcanzar porque es errónea en su misma base.

Sea como sea, y como bien dice un amigo, es la utopía lo que nos hace andar a pesar de no alcanzarla, aunque yo prefiero llamarla sueño, ilusión, esperanza.

Así que, desde aquí sabéis que tenéis una ventana a todo aquello que me inquieta sobre lo que sucede en nuestra sociedad, la más próxima y la más alejada, porque, a pesar de la distancia, todo nos afecta, aunque solamente sea porque pueda hacer vibrar nuestros sentimientos y nuestros sentidos.