Archivo para junio 2011

Praga, darling Praga

junio 16, 2011

Hace ya unos días que he vuelto de Praga, en concreto una semana que estaba cargando con aquellas dos maletas imposibles de mover. Entre viajes a Barcelona y demás no había encontrado el momento para sentarme y hablar un poquito de lo que habían significado para mí estos cuatro meses de Erasmus. Aún estaba estableciéndome en Valencia, en mi casa, con mi gente…

Lo cierto es que no hablo mucho de Praga, o sí, en momento puntuales, momentos que me vienen a la mente. Pero la mayor parte de las veces, cuando llegan los mejores recuerdo, los especiales, me mantengo ausente, como si no quisiera que esos recuerdos se escaparan, como si cuando los diga en voz alta, cuando los comparta, dejaran de ser tan míos, tan propios, tan íntimos, como si supiera que no podrían nunca ser comprendidos por alguien ajeno a esto.

Pero lo cierto es que a veces, muchas veces, cierro los ojos y estoy allí, en el embarcadero en frente de Hollar Building, viendo un atardecer en el Moldava con el puente y el castillo de fondo escuchando tocar la guitarra.

A veces, demasiadas aún, me encuentro con alguna corona checa por el bolso y me encuentro pagando algún pollo con queso y patatas por separado en un restaurante conocido.

A veces, al ver las cervezas en las mesas de las terrazas de Valencia, me traslado a Duende, a Propaganda y saboreo esos medio litros de cerveza checa por 30 coronas o menos.

Y entonces estoy allí de nuevo, en Praga.

Y me doy cuenta que nunca podré olvidarte.

Gracias Praga, gracias por tus callejones por lo que me he perdido cientos de veces literal y figuradamente, gracias por tus parques, donde hemos echado las horas hablando o mirando el cielo. Gracias por tus puentes, tus paisajes, gracias por tus atardeceres, sin duda cuando más bella estabas, con el Moldava y tus edificios pintados con tonos anaranjados, rosas y amarillos que se reflejaban en los cristales. Gracias por esas estampas que, como decíamos, deseábamos grabar en nuestra memoria para siempre.

Pero Praga, he de darte las gracias especialmente por ellos, por la gente que me has regalado, mis amigos, mis compañeros de Erasmus, las personas con las que he compartido todos estos momentos. No hace falta que los nombre, ellos saben bien quiénes son. Con ellos me he sentido realmente querida, verdaderamente especial, me he sentido parte de ese micro mundo que hemos creado en estos meses, con nuestras bromas, nuestras cosas, nuestros propios recuerdos, mientras nos íbamos conociendo hasta llegar a saber los gestos, muletillas, costumbres y manías de cada uno, pudiendo incluso predecir palabras y comportamientos del resto. Ellos han hecho que tú, Praga, seas más especial de lo que ya eres. Con ellos he compartido preparaciones de viajes, horas de trams, autobuses y metros que tantas charlas y risas nos han regalado, descubrimientos de restaurantes, paseos en barca, confidencias, quejas sobre la recepción de Hostivar, carcajadas, las banderas para ver Eurovisión, el envío masivo de videos, críticas sobre higiene checa, el pánico al agua con gas, la incomprensión hacia el clima checo, las noches en el Vagon, helados en Mustek, las tartas y cafés,  la nariz congelada en los primeros meses y la alegría de ver despuntar la primavera y comprobar cómo abandonábamos los abrigos en el armario, Budapest, Viena, Bratislava, Dresden, Munich…

Gracias Praga, porque allí he sido y me he sentido yo misma más que nunca. Por tus calles he bailado, he cantado, saltado y hasta he hecho el pino. Por tus calles me he reído hasta llorar pero también he llorado al percatarme de la llegada de la despedida.

Praga, Praga… tienes una magia, un encanto que produce que aquel que te visita nunca pueda olvidarte…

Ya me perteneces Praga, te has convertido en parte de mí, siempre serás mía. Pero esto no es gratuito. A cambio te has quedado con un trocito de mí, un trocito que permanecerá siempre allí, en el mirador de Letna, debajo de aquel pino que siempre intentaba que saliera cuando fotografiaba tus puentes, observando cómo te apagas cada atardecer por lo que me queda de vida.

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