La recién descubierta actividad de lobby

Me sorprende comprobar cómo últimamente parece que los profesionales y la profesión del lobby han salido de una caja de los truenos que había estado hasta ahora resguardada en algún lado. De pronto, libros, periódicos, radios y televisiones dedican sus espacios a tratar este tema desde distintas perspectivas y no siempre con una valoración positiva.

Hasta ahora, y aún ahora, el término es increíblemente desconocido por una enorme parte de la población española y lo que puede explicarse de forma rápida y superficial es posible que provoque la tendencia a observar esta actividad con cierta desconfianza.

Vivimos momentos turbulentos, con la política y los políticos totalmente desacreditados, con continuas movilizaciones sociales, con los ya conocidos como “escarches” escenificando la movilización radical y respondiendo a aquel “y aquí no pasa nada”, con poco dinero que gastar y muchos sectores necesitados de él, con periódicos como El Mundo criticando en su editorial la política alejada de la sociedad que mantiene el Gobierno y en concreto el Presidente actual.

La Ley de Transparencia tan ansiada sigue en tramitación, parece que no será tan ambiciosa como pudiera serlo, el popular Open Government está en boca de muchos, pero ni parece realizable ni que sea una demanda urgente de la sociedad.

Y en este escenario los lobbies aparecen como un poder en la sombra que puede tejer las leyes según los intereses de los sectores económicamente más poderosos.

Todo ello acompañado de esa música conspiranoica de fondo que se adapta a todo reportaje sobre lobby.

Tengo que decir que me fatiga esa música. Esa música y toda la escenografía de tensión y maquinaciones que aparenta conllevar esta actividad.

Por ello, aprovechando el interés que de pronto parece haber suscitado el asunto, me veo obligada a romper una lanza por lo que considero una profesión apasionante, especialmente para aquellos amantes de la ciencia política, del funcionamiento de la Administración, de la actualidad, de la comunicación y de la estrategia. Esto por lo que concierne a los profesionales, pero para parlamentarios y políticos no cabe subjetividad alguna al subrayar la condición de necesidad de esta actividad para elaborar un marco normativo.

Y hablo de “profesión” por no referirme a aquellas asociaciones, plataformas, organizaciones que de una u otra forma ejercen una función de lobbies en la defensa legítima de sus intereses, pero que se sienten ultrajadas si se denomina su actividad como tal.

Una profesión que clama por ser reconocida no solo de facto, por ser regulada cuanto antes aprovechando a ser posible la Ley de Transparencia que se tramita en el Congreso. Lo que se busca es la máxima transparencia mediante un registro claro y público de lobbistas y un registro de todo aquel que haya “ejercido influencia” durante la tramitación de una determinada ley.

Y esto es así por que solo así la actividad del lobby será conocida y reconocida en España. Por eso y porque solo así podremos ahorrarnos, por fin, la dichosa música de fondo al hablar sobre una profesión que nada tiene de oscura, sino todo lo contrario.

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