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20N, o el día en que se rompieron techos y suelos electorales

noviembre 21, 2011

Esta misma mañana, en un taxi en Madrid que me llevaba a Atocha, el taxista me decía “esperemos que no nos arrepintamos de haberle dado tanto poder a estos”.

Y tiene razones para decirlo. Sin duda el PP acapara en estos momentos más poder que ningún otro ha ostentado nunca. En cuanto se constituya Gobierno (por desgracia en España tardamos un mes para hacer lo que se podría en días), el PP gobernará con mayoría absoluta en un momento en que la enorme mayoría de Comunidades Autónomas están gobernadas por el mismo partido.

Los resultados de las elecciones del esperado 20N no han dejado indiferentes a nadie. Y es que, aunque la victoria popular estaba asegurada, había grandes incógnitas acerca de por cuánto sería el triunfo, la diferencia con respecto al PSOE y cómo se comportaría el electorado de los partidos minoritarios y nacionalistas. Y todos estos factores han resultado ser una sorpresa, para algunos, como IU, dulce y para otros, como el PSOE, muy amarga.

Ambos partidos, PP y PSOE, han roto sus límites electorales, uno el techo y el otro el suelo, lo que ya supone unas elecciones históricas.

El PP obtenía 186 escaños, con Rajoy en cabeza, un Rajoy que por fin ha conseguido lograr su objetivo después de los problemas internos, especialmente en aquel 2008 a raíz del Congreso de Valencia. Finalmente el PP se ha presentado como un partido unido en torno a la figura de Rajoy y la meta presidencial ha llegado.

El número de escaños no fue ninguna sorpresa, sopesé un número muy similar a éste. Sin embargo, lo que me sorprendió fue el escaso número de votos que había aumentado este partido con respecto a 2008, apenas 500.000 votos más, lo que manifiesta la fidelidad de los votantes populares. Lo cierto es que consideré que se produciría un mayor trasvase de votos del PSOE al PP, pero estos votos se han marchado a otros partidos, provocando un aumento de escaños de los partidos minoritarios inesperado.

A pesar de ello, opino que no se puede tomar en consideración solamente este escaso aumento de votos, lo cual ha servido a muchos para criticar la celebración popular de “una gran victoria”. Se ha de tener en cuenta también que los antiguos votantes del PSOE han permitido este ascenso del PP votando a otros partidos, sabiendo que perdían la oportunidad de un “voto útil” al PSOE que evitara o frenara la mayoría absoluta del PP con que Rubalcaba amenazaba a su electorado con una campaña del miedo, por lo que hemos visto, poco efectiva.

Así pues, el PSOE daba la gran sorpresa de la noche con un número de escaños que muy pocos esperaban. Con apenas 110 escaños Rubalcaba rompía el suelo electoral del partido con un resultado peor que el conseguido por Almunia en el 2000 en las circunstancias en que se dio, un candidato poco conocido, después de una legislatura del PP con grandes éxitos cosechados en materia económica y un PSOE desestructurado por confictos internos.

Sin duda la situación actual de España tras la última legislatura del PSOE en el Gobierno es calamitosa y poco podía ofrecer un Rubalcaba perteneciente a aquel Gobierno, pero lo cierto es que esta debacle, con una pérdida de 4.580.000 votos menos que en 2008, era poco previsible. Ante estos resultados el PSOE debería sin ninguna duda replantearse el futuro del partido, una refundación y un cambio que debería incorporar la salida del propio Rubalcaba de la primera fila.

La pérdida del PSOE de una gran parte de sus votantes hizo, como es habitual, que IU ganara una gran cantidad de electores, aunque más de lo esperado por muchos, quizá también por eñl efecto del movimiento 15M que IU de algún modo logró finalmente abanderar. Conseguía así alzarse con 11 escaños, 9 más de lo conseguido hace cuatro años en que el partido parecía abocado a convertirse en un partido residual. Lo mismo le ha sucedido a UPyD, con un éxito sorprendente materializado en 5 escaños, tras una gran campaña electoral y buenas propuestas.

Sin embargo, estos dos partidos minoritarios de ámbito nacional, tienen buenas razones para criticar una ley electoral muy injusta. Son muchos los que por las redes sociales hablan de lo “injusto de la ley D’hont”. Sin embargo, tras realizar algo de ingeniería electoral, considero que esta fórmula electoral no es la culpable de nuestro desproporcionado sistema; con otras fórmulas conseguiríamos prácticamente los mismos resultados.

Sin embargo, el tamaño de las circunscripciones por una parte y el reparto de los diputados por otra hacen que los partidos como UPyD o IU se vean muy perjudicados, mientras que los partidos mayoritarios y los nacionalistas estén sobrerrepresentados. Así pues, las circunscripciones deberían ser mucho mayores, aunque lo más justo considero que debería ser una circunscripción nacional como lo es en las elecciones europeas.

Quienes se han visto ampliamente beneficiados por este reparto han sido los partidos como CIU, Amaiur o PNV. Los resultados de los dos primeros han sido también una sorpresa. Los recortes realizados por CIU en Cataluña parece que no les han pasado factura, todo lo contrario. Parece que se les ha considerado un partido responsable que le ha tocado arreglar el desaguisado que el tripartito dejó en Cataluña y han conseguido 16 escaños, muy por encima del PSC de Chacón. Un gran triunfo.

Amaiur, por su parte, ha conseguido también, un inquietante gran resultado. Aun obteniendo menos votos que el PNV en el País Vasco, este partido, herencia de la antigua Batasuna, ha aprovechado los vientos favorables de las actuales circunstancias y se alza con más escaños que el PNV, 7 a 5, iniciándose así la lucha por la hegemonía del nacionalismo vasco entre ambos partidos y dificultando aún más el Gobierno del PSE.

Curioso y novedoso escenario por tanto el que nos dejan estas elecciones.

Sin embargo, lo más relevante es esa mayoría absoluta del PP que creo beneficiosa en unos momentos tan complejos como los actuales en que lo más perjudicial es la incertidumbre. Como bien dijo Rajoy en su primer discurso tras los resultados con un tono muy presidencial, “Nadie debe sentir inquietud alguna. No tengo más enemigos que la crisis y el paro”.

Ojalá consigamos batirlos. Todos juntos, por supuesto.

En el final como al inicio.

noviembre 18, 2011

Últimamente he escuchado bastante una frase: “Tenéis suerte de estar viviendo esta época de grandes cambios”. Yo no sé si considerarlo una “suerte”, pero que vivimos tiempos convulsos en que se está decidiendo el futuro de Europa y el futuro de nuestros países, no cabe duda.

En un par de días los españoles decidiremos quién queremos que maneje el timón de nuestro país, esperando que el cambio de rumbo nos lleve a buen puerto.

Marcho a Valencia en breve para poder formar parte de esta decisión, así que éste es el último momento para escribir unas pequeñas reflexiones sobre lo que ha dado de sí esta campaña de apenas 15 días. Hasta un mes, me comentan mis compañeros de Máster que duran las campañas en sus países, lo cual considero que en España sería una total pérdida de tiempo y un derroche inútil de energías de equipos y periodistas.

Y más cuando hay tan poco que decir como en esta ocasión. Los roles estaban bien definidos y no ha habido apenas sorpresas, ni siquiera con los spots. ETA ha aparecido poco, aunque quizá más de lo debido. En la calle se escuchan los mismos comentarios que hace 15 días; se exige un cambio de rumbo, lo que sea, pero cambio. El último spot del PP lo define bien, “no soy ni del PP ni del PSOE, pero esta vez votaré a Rajoy”.

Visto el panorama previo, la campaña de Rubalcaba solamente podía estar dirigida a movilizar a los suyos. Que al menos éstos no se queden en casa, que salgan a votar. En un spot de 2000, el PSOE aludía a lo mismo, aunque llueva, aunque haga frío, ve a votar, dirigiéndose en exclusiva a sus votantes, olvidando a los indecisos. Ya dicen que la historia es cíclica.

En esta ocasión la campaña socialista se ha centrado principalmente en esa movilización de los suyos, desde los mítines con Guerra y con Felipe González como los representantes de la izquierda real, los que pueden animar de algún modo a ese votante desanimado frente a la irremediable victoria popular, hasta los spots, como el del corredor desalentado que finalmente echa a correr tras considerar que los motivos realmente merecen la pena. Unos motivos que han sido los transmitidos a lo largo de la campaña, la “lucha” por los derechos sociales.

Sin duda la campaña de Rubalcaba ha sido de un candidato que ya se sabe perdedor, a lo cual le han “ayudado” los medios de comunicación y periodistas que se han referido a él en estos términos, tanto en noticias como, especialmente, en entrevistas. Apenas se han hecho menciones a la posibilidad de que Rubalcaba pueda formar Gobierno.

El tercer pilar socialista ha sido la ambigüedad del programa del PP, con lo que en ocasiones han dado la sensación de tener más interiorizado éste que el propio.

Sin embargo, en muchos aspectos el PSOE ha estado muy acertado, ha sabido dar en el clavo al hablar de educación, de sanidad, ha sabido transmitir la idea de que existen dos maneras de salir de la crisis, con o sin derechos sociales y ha sabido ser muy constante en sus mensajes.

En cuanto al PP, la campaña tampoco presentaba grandes opciones. Solamente le quedaba seguir con su estrategia de no hacer mucho ruido y evitar meteduras de pata, cosa que, sin ninguna duda, han conseguido.

Como decía, los comentarios de la calle siguen siendo exactamente los mismos, no habido ninguna novedad relativa a la campaña que haya cambiado la agenda. Seguimos en la misma línea: Esto está fatal, a ver si después de las elecciones mejoran las cosas.

Y quizá el peligro del PP esté aquí, en haberse encarnado en exceso en la esperanza de la ciudadanía. Las propuestas son buenas, sin duda, a pesar de no haber sido correctamente transmitidas, dirigidas a incentivar el emprendidurismo, la creación de empresas, la reactivación de la economía. Pero, aunque son medidas que pueden dar buenos frutos a largo plazo, lo cierto es que en cuatro años es difícil que se pueda observar un cambio real, un crecimiento y, sobre todo, un aumento del empleo. Mucho menos en el primer año, sin poder controlar los próximos presupuestos elaborados por el actual, aunque desaparecido, Gobierno.

Ciertamente, como dice Rajoy, aumentará la confianza. Esperemos que con confianza, al menos la transmitida al exterior, mejoren levemente las cosas.

En un par de días se decidirá el futuro Gobierno que tomará el timón de mando. El tiempo dirá si la decisión fue la correcta. De momento, la esperanza de un nuevo milagro español será sin duda el que presida el 20N.