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En el final como al inicio.

noviembre 18, 2011

Últimamente he escuchado bastante una frase: “Tenéis suerte de estar viviendo esta época de grandes cambios”. Yo no sé si considerarlo una “suerte”, pero que vivimos tiempos convulsos en que se está decidiendo el futuro de Europa y el futuro de nuestros países, no cabe duda.

En un par de días los españoles decidiremos quién queremos que maneje el timón de nuestro país, esperando que el cambio de rumbo nos lleve a buen puerto.

Marcho a Valencia en breve para poder formar parte de esta decisión, así que éste es el último momento para escribir unas pequeñas reflexiones sobre lo que ha dado de sí esta campaña de apenas 15 días. Hasta un mes, me comentan mis compañeros de Máster que duran las campañas en sus países, lo cual considero que en España sería una total pérdida de tiempo y un derroche inútil de energías de equipos y periodistas.

Y más cuando hay tan poco que decir como en esta ocasión. Los roles estaban bien definidos y no ha habido apenas sorpresas, ni siquiera con los spots. ETA ha aparecido poco, aunque quizá más de lo debido. En la calle se escuchan los mismos comentarios que hace 15 días; se exige un cambio de rumbo, lo que sea, pero cambio. El último spot del PP lo define bien, “no soy ni del PP ni del PSOE, pero esta vez votaré a Rajoy”.

Visto el panorama previo, la campaña de Rubalcaba solamente podía estar dirigida a movilizar a los suyos. Que al menos éstos no se queden en casa, que salgan a votar. En un spot de 2000, el PSOE aludía a lo mismo, aunque llueva, aunque haga frío, ve a votar, dirigiéndose en exclusiva a sus votantes, olvidando a los indecisos. Ya dicen que la historia es cíclica.

En esta ocasión la campaña socialista se ha centrado principalmente en esa movilización de los suyos, desde los mítines con Guerra y con Felipe González como los representantes de la izquierda real, los que pueden animar de algún modo a ese votante desanimado frente a la irremediable victoria popular, hasta los spots, como el del corredor desalentado que finalmente echa a correr tras considerar que los motivos realmente merecen la pena. Unos motivos que han sido los transmitidos a lo largo de la campaña, la “lucha” por los derechos sociales.

Sin duda la campaña de Rubalcaba ha sido de un candidato que ya se sabe perdedor, a lo cual le han “ayudado” los medios de comunicación y periodistas que se han referido a él en estos términos, tanto en noticias como, especialmente, en entrevistas. Apenas se han hecho menciones a la posibilidad de que Rubalcaba pueda formar Gobierno.

El tercer pilar socialista ha sido la ambigüedad del programa del PP, con lo que en ocasiones han dado la sensación de tener más interiorizado éste que el propio.

Sin embargo, en muchos aspectos el PSOE ha estado muy acertado, ha sabido dar en el clavo al hablar de educación, de sanidad, ha sabido transmitir la idea de que existen dos maneras de salir de la crisis, con o sin derechos sociales y ha sabido ser muy constante en sus mensajes.

En cuanto al PP, la campaña tampoco presentaba grandes opciones. Solamente le quedaba seguir con su estrategia de no hacer mucho ruido y evitar meteduras de pata, cosa que, sin ninguna duda, han conseguido.

Como decía, los comentarios de la calle siguen siendo exactamente los mismos, no habido ninguna novedad relativa a la campaña que haya cambiado la agenda. Seguimos en la misma línea: Esto está fatal, a ver si después de las elecciones mejoran las cosas.

Y quizá el peligro del PP esté aquí, en haberse encarnado en exceso en la esperanza de la ciudadanía. Las propuestas son buenas, sin duda, a pesar de no haber sido correctamente transmitidas, dirigidas a incentivar el emprendidurismo, la creación de empresas, la reactivación de la economía. Pero, aunque son medidas que pueden dar buenos frutos a largo plazo, lo cierto es que en cuatro años es difícil que se pueda observar un cambio real, un crecimiento y, sobre todo, un aumento del empleo. Mucho menos en el primer año, sin poder controlar los próximos presupuestos elaborados por el actual, aunque desaparecido, Gobierno.

Ciertamente, como dice Rajoy, aumentará la confianza. Esperemos que con confianza, al menos la transmitida al exterior, mejoren levemente las cosas.

En un par de días se decidirá el futuro Gobierno que tomará el timón de mando. El tiempo dirá si la decisión fue la correcta. De momento, la esperanza de un nuevo milagro español será sin duda el que presida el 20N.