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El backstage de la crisis de los controladores aéreos

diciembre 5, 2010

A mi parecer, la situación es escalofriante y creo que merece unos minutos de reflexión.

Siguiendo las informaciones de la crisis de los controladores aéreos este puente de la Constitución que sin ninguna duda pasará a los anales de la historia, me han asaltado varias preguntas con respuestas que podrían ser poco esperanzadoras.

En mi humilde opinión, los controladores aéreos tenían suficientes motivos para estar cabreados, cansados, hartos de la situación en que se han visto este último año, con tres decretos y una ley que les ha restado derechos laborales. Han visto ignorado por completo el convenio colectivo al que deberían estar sujetos esos derechos que el Gobierno se ha saltado a la torera, regulando lo que deberían pactarse por convenio mediante reales decretos de aplicación inmediata.

Durante este año hemos presenciado esos decretazos gubernamentales que decidían los días de descanso y laborales de los controladores, jornadas laborales que en absoluto se adecuan a lo que sucede en el resto de los países comunitarios con respecto a este colectivo, decretos que además, no se publicaban hasta días después.

Más extraño todavía resulta el que el sindicato de controladores estuviera avisando a AENA desde 2001 de la insuficiencia de controladores en nuestro país y la urgente necesidad de aumentar la formación de nuevos controladores y, sin embargo, AENA fue formando a cuentagotas, sin cubrir ni de lejos las bajas que se producían por jubilaciones.

Así teníamos aeropuertos controlados por menos controladores que, por ejemplo Francia (con una desproporción de 1.884 a 4.000) que gestiona una menor parte de espacio aéreo comunitario.

Por lo que optó AENA fue por alargar las jornadas de los trabajadores, aumento de horas obligatorias y, sobre todo, se optó por las horas extras pagadas más caras que las normales.

Pero es una situación que no puede mantenerse. Se establecieron de 1200 a 1670 las horas al año trabajadas, pero realmente los controladores estaban trabajando muchas más horas que las estipuladas con esas horas extras y además con menos efectivos de los que deberían estar en los aeropuertos. Se acentuó el problema al decidir además jubilar a los mayores de 57 años, con lo que se justifican los retrasos producidos “debido” a los controladores que no podían gestionar tantos aviones a la vez y dejaban, según explicaba USCA, en el aire esperando a algunas de las naves.

AENA seguía haciendo malabares con los controladores, con una deuda que ronda los 12 mil millones de euros acumulados con el paso de los diferentes gobiernos, gestionados por Juan Ignacio Lema, quien, tras su antiguo paso por diferentes cargos en Fomento, formó parte de la constructora San José, empresa de la que formó parte del consejo de administración compatibilizando este cargo durante seis meses con el de la posterior presidencia de AENA.

Un agujero de miles de millones pese a los cuales se han seguido construyendo obras faraónicas y aeropuertos inútiles como el de Logroño o el de Huesca que pueden llegar a tener 2 aviones al día, un derroche absoluto de dinero que nos resta rentabilidad. Decía Daniel Zamit que en España, el 90% del tráfico aéreo lo gestiona el 10% de los aeropuertos españoles. Increíble. Así, es lógico que la productividad española en este sector sea más baja que en la del resto de países, ya que mientras que en Europa se contabilizan solamente los principales aeropuertos, en nuestro país entran todos en el saco, cuando la realidad es que, con la escasez de controladores que tenemos actualmente y el gran espacio aéreo que de ellos depende, nuestra rentabilidad a buen seguro es infinitamente mayor.

Esta escasez de la que hablamos se agravó por el problema de la contabilización de horas. A pesar de haberse aumentado a 1670 horas legales, AENA realizó erróneamente la programación anual y a estas alturas del año, la mayoría de controladores habían trabajado ya esas horas legales que no pueden superar ateniéndose, como digo, a la ley.

Esto ya se preveía. Podemos leer los comunicados de USCA a 29 de Noviembre en que se anunciaba que se debía cerrar el espacio aéreo gallego debido a que todos los controladores de Santiago de Compostela habían sobrepasado ya sus horas. Esta misma situación se estaba extendiendo por el resto de España y amenazaba la temporada de diciembre. Ante esta falta de previsión, extraña, todo sea dicho de paso, porque era muy fácilmente previsible, y ya advertido desde hacia tiempo, se vuelve a saltar a la torera el convenio colectivo, no existe reunión ninguna con el colectivo de controladores y por real decreto se determina que se restan con carácter retroactivo los días de descanso, vacaciones y permisos (permisos, por ejemplo, para el cuidado de los hijos que en muchos casos AENA denegó, lo que le ha valido diversas denuncias) con lo que los controladores aún tienen horas suficientes para alcanzar las 1670 horas antes de terminar el año. Vergonzoso.

Obvio que estén cabreados.

Sea como fuere, reitero que el cauce que tomaron para reivindicar sus derechos (Blanco y Rubalcaba prefieren hablar de ellos como privilegios) fue totalmente erróneo.

Sin embargo, lo que a mi me preocupaba y me llevaba a escribir este post era concretamente qué hay detrás de dantesco espectáculo de este fin de semana.

Blanco y el Gobierno se han apuntado un tanto “solucionando” la crisis, a pesar de haber sido mediante la declaración del Estado de alarma en España, una medida que nunca se había tomado anteriormente en la democracia española, militarizar el sector y obligarles a punta de pistola de la Guardia Civil a incorporarse de inmediato en sus puestos bajo amenaza de cárcel y embargo de todos sus bienes, mostrándoles los listados de los mismos de cada uno de ellos.

Camilo Cela, presidente del USCA, pedía a todos los controladores que se reincorporaran al trabajo tras haber mantenido una reunión la noche del sábado en unas condiciones que se desconocen, ya que Cela permaneció incomunicado durante el tiempo de la reunión y llegó al hotel en condiciones anímicas, se dice, lamentables.

¿¿Donde estamos viviendo?

Mientras tanto, en todas las televisiones, a excepción de loables salvedades, se criminalizaba a los controladores aéreos y se ensalzaba la figura de un Gobierno que no ha sabido, o no ha querido, que es lo que más parece acercarse a la realidad, prever esta situación ni gestionarla.

El telediario de Antena 3, la noche del sábado abrían con una entrevista en directo con José Blanco, ministro de Fomento y responsable de este desastre, preguntándole con condescendencia acerca del problema causado por los controladores y los privilegios de éstos. Blanco se despachaba a gusto repitiendo por quincuagésima vez el sueldo disparatado de estos acomodados, una cifra que ha resultado no ser la que realmente se cobra. Obviamente los sueldos no son bajos, pero ni se aproximan a las cifras denunciadas por Blanco, absurdamente por cierto, considerando quien establece estos sueldos, ni cobran lo que él, o peor, lo que Leire Pajín acumula en su nómina.

Una y otra vez lo único que veíamos en televisión eran las imágenes de los aeropuertos colapsados y los pasajeros lógicamente desesperados, pero absolutamente ninguna entrevista a los controladores, ni siquiera podíamos acceder a las razones que los controladores tenían para llegar a este punto, qué problemas ha habido y análisis profundos de esta situación.

Porque no podemos olvidar, a mi parecer, que para llegar a actuar de este modo, por mucho que criminalicemos a los controladores dudo que todo el colectivo sea tan malvado y tan perverso como para desear amargar el puente y las ilusiones de la gente, además de poner en peligro sus puestos de trabajo, se tiene que llegar a un límite que quizá deberíamos considerar.

Repito de nuevo, porque se que muchos estarán pensando en ello llegados a este punto a pesar de haberlo ya advertido, que en absoluto justifico ni avalo lo que los controladores han hecho este puente, pero creo que no podemos hablar por hablar.

Sea como fuere, esto se veía venir y hay muchos interrogantes que son difíciles de responder.

Se sabía que el decreto del viernes iba a producir una respuesta similar. Entonces, ¿por qué se firmó precisamente el viernes al comienzo del puente? Si la escasez de horas restantes en toda España ya se conocía desde hacía semanas, ¿por qué no se tomaron medidas anteriormente?

Solamente un día antes nos preguntábamos todos el por qué de la repentina anulación del viaje de Zapatero a la Cumbre Iberoamericana estando ya desplazados todos los periodistas con el gasto que ello conlleva. Un día después sucede esto y nos preguntamos si la razón era la previsible huelga salvaje y la dificultad de su vuelta posterior. Pero lo dudo. Me parece absurdo. Más teniendo en cuenta la ausencia de Zapatero en toda la crisis anunciando su comparecencia para el próximo jueves. Increíble, realmente inconcebible. Fue Rubalcaba quien anunció el Estado de alarma el sábado, algo inaudito, ningún pronunciamiento de Zapatero. Un estado de alarma que, como decía Luis del Pino en su blog, no se ajusta a la ley, puesto que la Ley Orgánica que lo regula exige que si el motivo es la paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad, deben concurrir además alguna de las situaciones mencionadas en los restantes apartados, esto es, una catástrofe, una crisis sanitaria o un desabastecimiento de productos de primera necesidad.

Sin embargo, si no se declaraba este estado de alarma no se podía proceder a la militarización del sector y no se hubieran podido aplicar la ley penal militar y por tanto hacerles volver al trabajo con semejantes amenazas.

Es también extraño que, aunque ya se sabía por parte del ejecutivo que esto sucedería, aparte de cancelar el viaje de Zapatero (continuo pensando que no era tampoco esta la razón final) no se previó ninguna medida ni hubo advertencia alguna para evitar o minimizar el desastre que iba a suponer para las miles de personas y familias que viajarían este puente.

Y de telón de fondo tenemos las medidas impopulares que Zapatero se sacó de la manga y la amenaza de una intervención de España que se cierne sobre nuestro país de forma cada vez más amenazante y más clara. No quiero pensar que el escándalo montado pretenda restar impacto a todo esto. Y si se puede culpabilizar a los controladores de la imagen nefasta que ha dado España ante el mundo y aumentar el desprestigio español, aún mejor.

No consigo entender por qué no se hizo de manera lógica, legal y ordenada un acuerdo para regular la situación de los controladores que estaba descontrolándose, tomar las negociaciones que estaban pendientes desde hacía un año, organizar el marco laboral del sector. Sin embargo, por decreto de aplicabilidad inmediata se resolvían las condiciones laborales de los controladores de forma unilateral. A mi parecer esto es como mínimo irresponsable y como máximo sospechoso.

Creo que no somos suficientemente conscientes de lo que ha sucedido este fin de semana.

Ya nos lo temíamos. La llegada de Rubalcaba a la Vicepresidencia nos hacía presagiar lo peor. El hombre siniestro por antonomasia al cargo del Gobierno, ya que no se pude considerar a Zapatero como la cabeza del Ejecutivo, más bien como un pelele o marioneta e incluso parecer un demente a la luz de muchas de las decisiones y declaraciones que realiza, es un peligro previsible.

Lástima que en 15 días no se puedan disolver las Cámaras, porque Rajoy debe despertar, quitarle la medalla de salvador que se ha colgado el Gobierno este fin de semana de forma inmerecida y engañosa y exigir dimisiones y elecciones anticipadas antes de que esto se nos vaya irremediablemente de las manos.

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