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La visión perdida de España

octubre 29, 2012

Hoy me percaté de algo. Conversaba con un amigo, antes periodista y hoy un increíble comercial. Me decía, MªCarmen, ya no leo el periódico, no veo el telediario, todo lo que nos dicen es mentira, todo es falso, todo es un engaño, se ríen de nosotros.

De aquello andábamos discutiendo cuando me di cuenta que, al fin y al cabo, no de forma tan radical, a todos nos ha invadido un sentimiento similar. Encuentro entre un gran número de personas, hace un tiempo muy activas, ávidas de información, de debate, de defensa de ideas e ideologías, una desesperanza y una apatía, un desengaño, una desilusión que me preocupa. Y me preocupa percatarme de que formo parte de esta corriente a la que nos ha arrastrado la propia situación en la que vivimos, desesperanza vital, del propio futuro, de las posibilidades de cada uno para cambiar las cosas, para conseguir que mejoren. El sentimiento de habernos quedado solos, de vivir en otra esfera, de que el debate político queda lejos, como un deplorable espectáculo que se sucede de forma paralela a la realidad.

Y me percato de ello en un momento en que la actividad política está siendo frenética, elecciones en el País Vasco, en Galicia, próximamente en Cataluña, donde paralelamente se debate su posible independencia o “la creación de un Estado propio”, crisis interna del PSOE, convocatoria de una huelga general….

Sin embargo, lo paradójico es que este sentimiento de apatía y desinterés se deba precisamente a esta actividad actual. Quizá de lo que la ciudadanía esté cansada es de sentarse a contemplar unos debates infructuosos que no han cambiado a pesar de la crisis y de la necesidad de soluciones. De que la clase política cree unas polémicas y problemáticas propias en las que se intente entremezclar a la ciudadanía confundiendo y alejándose de los problemas reales. Quizá los ciudadanos lo que esperan encontrar sea sinceridad, transparencia, voluntad de mejora, voluntad real de un cambio en una dirección, contemplar un rumbo, unas ideas claras, coherencia, unidad ante la adversidad por la que atraviesa España.

Ojalá pudiéramos contemplar en nuestra política esa “visión de país” como gusta a algunos denominar a un proyecto político claro, firme, sólido, en el que el fin, alcanzar una España como desearíamos que fuera, prime por encima de intereses menores que en nada ayudan, al menos, al ánimo de cada vez más españoles desencantados.

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No solo de la economía vive la crisis española

diciembre 15, 2010

Moody’s amenaza con bajar la nota de la deuda española. Menos solvencia por tanto. Con lo que disminuiría aún más la confianza en nuestro país. Estupendo. Pero Salgado dice que eso son tonterias y que ya verán estos de Moody’s como hacemos unas reformitas y arreglamos esto.

La reforma de la que hablaba Salgado con optimismo es la reforma de las pensiones que Europa nos reclama con urgencia y que ya está debatiendo la Comisión del Pacto de Toledo en el Congreso.

El próximo 28 de enero el Gobierno presentará el texto definitivo, pero parece que el camino se dirige hacia un aumento del periodo de cálculo de las pensiones y un aumento de la edad de jubilación, que con esto de que vivimos más se nos ha aguado el plan.

No me pronunciaré de momento hasta que no se defina el proyecto, sin embargo, aunque no me pronuncie sobre las medidas concretas, es obvio que es urgente y necesario emprender una reforma de este sistema. En lo que a mi me concierne, que en estos casos siempre barremos para casa, si se asegura que el sistema de pensiones está asegurado para los próximos 30 años… y yo tengo 24… ¡Solo hay que echar cuentas para que un escalofrío te recorra el cuerpo!

Viendo la situación como está, no son muy esperanzadores los años posteriores a esos 30, así que mejor empezar a tomar medidas de algún tipo o se preveen hordas de ancianos famélicos en las puertas de la Moncloa.

Pero también será necesario para mejorar la imagen de la marca España, que se encuentra por los suelos en los tiempos que corren. Y parece una tontería esta frase tópica que acabo de largar y que se escucha constantemente, pero no, no es ninguna estupidez. Es algo que realmente me preocupa, porque de esa imagen dependemos todos.

Y está de capa caída en cuanto a la economía se refiere, al sistema productivo, a la competitividad, a la productividad, a la investigación, a la industria.. pero también las instituciones y la política crean una enorme desconfianza interior y exterior.

Por lo que se refiere a esa crisis institucional, me preocupan demasiados aspectos, pero es especialmente preocupante el desvanecimiento de la separación de poderes en España. Es terrible como contamos con cada vez más y más ejemplos de la intromisión del poder ejecutivo en el resto de los poderes.

Empezando por un gobierno a golpe de Decreto, con 13 decretos-ley este año, pasando por el caso Faisán con Rubalcaba al frente, llegando a la aberrante y atemorizante politización de la Justicia española, en lo que tampoco Rubalcaba ha tenido escasa culpa.

Pero también cabe en este aspecto institucional la Administración española, duplicada (o multiplicada) lenta, cara, poco productiva y excesivamente pesada.

Si pasamos al terreno político, el tema es mucho más entretenido aunque igual de desesperanzador.

Podíamos solo desayunarnos con la claudicación del PNV y Coalición Canaria para dar oxígeno a un Gobierno al que le debería haber sido negada toda supervivencia a juzgar por las críticas que se vertían desde el mismo PNV en un momento no muy lejano como fue el Debate del estado de la Nación.

Pero una vez a salvo, Zapatero ha sido abducido y nuestro viejo conocido Rubalcaba, que si no tuvimos ya suficiente con conocerlo como el portavoz del gobierno de los GAL, saber que fue un político mentiroso, parte de un gobierno mentiroso, y que aún así no tuvo reparos en montar el dantesco espectáculo que tuvo lugar en España entre el 11 y el 14 de marzo abanderando aquella sentencia de “queremos un gobierno que no mienta”, ahora lo tenemos en cada comida como Ministro del Interior, como Vicepresidente y como Portavoz. Este amontonamiento de cargos hace que en sus decisiones tenga que contradecirse o sufrir choques de intereses, dignos solamente de un experto en desdoblamiento de personalidad para no sufrir un problema de esquizofrenia y trastorno bipolar.

Pero por si fuera poco, ahora tenemos también que digerirlo ejerciendo funciones de Presidente del Gobierno como vimos en la crisis de los controladores o en Valencia, en la presentación de Alarte como candidato, donde los militantes del PSPV, a falta de Zapatero, le gritaban Presidente a Rubalcaba. Vivir para ver.

Y es que se dice, se comenta, que reviviremos la escena de Suárez y Calvo-Sotelo, pero con unos protagonistas radicalmente diferentes y con un escenario nacional escalofriante.

Aún más escalofriante me resulta la prolongación del estado de alarma sin existir un estado real de alarma, a no ser que nos estemos refiriendo a los 5 millones de parados que hay en este país y a que podamos acabar todos como el asesino de Olot porque los clientes no pagan o los bancos embargan las viviendas.

Un estado de alarma, con las restricciones que ello supone, decretado solamente para prevenir y no hacer frente al problema ni poner solución a un conflicto que, aunque grave, es un conflicto laboral. Me exaspera leer en las redes sociales como se repite la tesis de ¿esto afecta al ciudadano medio? No ¿le beneficiará en Navidades? Sí, pues ya está, solución correcta. Increíble.

Pero si hablamos de Gobierno hay que hablar de oposición, que, por no alargarme, no la extenderé a todos los grupos parlamentarios, y solamente me referiré al Partido Popular, que para algo es el principal y la alternativa real.

Hace un par de días, nuestros sueños, nuestra esperanza puesta en nuestro principal motivo de orgullo (y en estos momentos el único), el deporte español, se derrumbaba bajo la sospecha del doping. El espejo en que nos mirábamos caía ante el desconcierto de todos.

¿Y por qué mentar esto si hablamos de política y oposición? Pues simplemente porque el portavoz del PP tuvo la feliz ocurrencia de afirmar que era Rubalcaba quien había destapado este caso en este momento para ocultar en los medios el éxito de Rajoy en el Pleno del Congreso del día anterior, quien, por otra parte, aunque muy inegniosamente, llamó a Blanco inútil total, lo cual, por muy cierto que esto sea, no es propio de un orador como Rajoy y de una cámara parlamentaria.

Y con todo este barullo nos llega el Informe PISA. Tenia que hacer mención a ello aunque a la educación española le dedicaré un post aparte. Simplemente desolador, por mucho que Gabilondo nos consuele diciendo que la educación en España “no es un desastre”. No… ¡es una auténtica calamidad!! Me preocupa este tema especialmente porque considero que la educación es la base de una sociedad, su presente y su futuro, y da verdadero pavor pensar en las generaciones que están formándose y en la que les seguirán. El sistema educativo, pero también gran parte del profesorado y sobre todo los valores que se deberían implantar en este periodo son calamitosos.

Hoy mismo aparecía un nuevo dato de la llamada “generación ni-ni”, aquello del ni estudio ni trabajo, y parece que la cifra aumenta. Cierto es que parte de este colectivo simple y llanamente no tiene motivación por hacer nada y vive bien y cómodamente así. Pero también es cierto que parte de esta cifra la componen jóvenes que no pueden estudiar ni trabajar o que ya se han formado y no encuentran trabajo. Como joven, tengo a mi alrededor un enorme número de personas muy preparadas y están descorazonadas, desilusionadas y frustradas por no encontrar un trabajo. Es duro.

De momento han habido suficientes reflexiones acerca de la crisis general que se cierne sobre España. ¡La próxima vez seré más concreta y más escueta!

El backstage de la crisis de los controladores aéreos

diciembre 5, 2010

A mi parecer, la situación es escalofriante y creo que merece unos minutos de reflexión.

Siguiendo las informaciones de la crisis de los controladores aéreos este puente de la Constitución que sin ninguna duda pasará a los anales de la historia, me han asaltado varias preguntas con respuestas que podrían ser poco esperanzadoras.

En mi humilde opinión, los controladores aéreos tenían suficientes motivos para estar cabreados, cansados, hartos de la situación en que se han visto este último año, con tres decretos y una ley que les ha restado derechos laborales. Han visto ignorado por completo el convenio colectivo al que deberían estar sujetos esos derechos que el Gobierno se ha saltado a la torera, regulando lo que deberían pactarse por convenio mediante reales decretos de aplicación inmediata.

Durante este año hemos presenciado esos decretazos gubernamentales que decidían los días de descanso y laborales de los controladores, jornadas laborales que en absoluto se adecuan a lo que sucede en el resto de los países comunitarios con respecto a este colectivo, decretos que además, no se publicaban hasta días después.

Más extraño todavía resulta el que el sindicato de controladores estuviera avisando a AENA desde 2001 de la insuficiencia de controladores en nuestro país y la urgente necesidad de aumentar la formación de nuevos controladores y, sin embargo, AENA fue formando a cuentagotas, sin cubrir ni de lejos las bajas que se producían por jubilaciones.

Así teníamos aeropuertos controlados por menos controladores que, por ejemplo Francia (con una desproporción de 1.884 a 4.000) que gestiona una menor parte de espacio aéreo comunitario.

Por lo que optó AENA fue por alargar las jornadas de los trabajadores, aumento de horas obligatorias y, sobre todo, se optó por las horas extras pagadas más caras que las normales.

Pero es una situación que no puede mantenerse. Se establecieron de 1200 a 1670 las horas al año trabajadas, pero realmente los controladores estaban trabajando muchas más horas que las estipuladas con esas horas extras y además con menos efectivos de los que deberían estar en los aeropuertos. Se acentuó el problema al decidir además jubilar a los mayores de 57 años, con lo que se justifican los retrasos producidos “debido” a los controladores que no podían gestionar tantos aviones a la vez y dejaban, según explicaba USCA, en el aire esperando a algunas de las naves.

AENA seguía haciendo malabares con los controladores, con una deuda que ronda los 12 mil millones de euros acumulados con el paso de los diferentes gobiernos, gestionados por Juan Ignacio Lema, quien, tras su antiguo paso por diferentes cargos en Fomento, formó parte de la constructora San José, empresa de la que formó parte del consejo de administración compatibilizando este cargo durante seis meses con el de la posterior presidencia de AENA.

Un agujero de miles de millones pese a los cuales se han seguido construyendo obras faraónicas y aeropuertos inútiles como el de Logroño o el de Huesca que pueden llegar a tener 2 aviones al día, un derroche absoluto de dinero que nos resta rentabilidad. Decía Daniel Zamit que en España, el 90% del tráfico aéreo lo gestiona el 10% de los aeropuertos españoles. Increíble. Así, es lógico que la productividad española en este sector sea más baja que en la del resto de países, ya que mientras que en Europa se contabilizan solamente los principales aeropuertos, en nuestro país entran todos en el saco, cuando la realidad es que, con la escasez de controladores que tenemos actualmente y el gran espacio aéreo que de ellos depende, nuestra rentabilidad a buen seguro es infinitamente mayor.

Esta escasez de la que hablamos se agravó por el problema de la contabilización de horas. A pesar de haberse aumentado a 1670 horas legales, AENA realizó erróneamente la programación anual y a estas alturas del año, la mayoría de controladores habían trabajado ya esas horas legales que no pueden superar ateniéndose, como digo, a la ley.

Esto ya se preveía. Podemos leer los comunicados de USCA a 29 de Noviembre en que se anunciaba que se debía cerrar el espacio aéreo gallego debido a que todos los controladores de Santiago de Compostela habían sobrepasado ya sus horas. Esta misma situación se estaba extendiendo por el resto de España y amenazaba la temporada de diciembre. Ante esta falta de previsión, extraña, todo sea dicho de paso, porque era muy fácilmente previsible, y ya advertido desde hacia tiempo, se vuelve a saltar a la torera el convenio colectivo, no existe reunión ninguna con el colectivo de controladores y por real decreto se determina que se restan con carácter retroactivo los días de descanso, vacaciones y permisos (permisos, por ejemplo, para el cuidado de los hijos que en muchos casos AENA denegó, lo que le ha valido diversas denuncias) con lo que los controladores aún tienen horas suficientes para alcanzar las 1670 horas antes de terminar el año. Vergonzoso.

Obvio que estén cabreados.

Sea como fuere, reitero que el cauce que tomaron para reivindicar sus derechos (Blanco y Rubalcaba prefieren hablar de ellos como privilegios) fue totalmente erróneo.

Sin embargo, lo que a mi me preocupaba y me llevaba a escribir este post era concretamente qué hay detrás de dantesco espectáculo de este fin de semana.

Blanco y el Gobierno se han apuntado un tanto “solucionando” la crisis, a pesar de haber sido mediante la declaración del Estado de alarma en España, una medida que nunca se había tomado anteriormente en la democracia española, militarizar el sector y obligarles a punta de pistola de la Guardia Civil a incorporarse de inmediato en sus puestos bajo amenaza de cárcel y embargo de todos sus bienes, mostrándoles los listados de los mismos de cada uno de ellos.

Camilo Cela, presidente del USCA, pedía a todos los controladores que se reincorporaran al trabajo tras haber mantenido una reunión la noche del sábado en unas condiciones que se desconocen, ya que Cela permaneció incomunicado durante el tiempo de la reunión y llegó al hotel en condiciones anímicas, se dice, lamentables.

¿¿Donde estamos viviendo?

Mientras tanto, en todas las televisiones, a excepción de loables salvedades, se criminalizaba a los controladores aéreos y se ensalzaba la figura de un Gobierno que no ha sabido, o no ha querido, que es lo que más parece acercarse a la realidad, prever esta situación ni gestionarla.

El telediario de Antena 3, la noche del sábado abrían con una entrevista en directo con José Blanco, ministro de Fomento y responsable de este desastre, preguntándole con condescendencia acerca del problema causado por los controladores y los privilegios de éstos. Blanco se despachaba a gusto repitiendo por quincuagésima vez el sueldo disparatado de estos acomodados, una cifra que ha resultado no ser la que realmente se cobra. Obviamente los sueldos no son bajos, pero ni se aproximan a las cifras denunciadas por Blanco, absurdamente por cierto, considerando quien establece estos sueldos, ni cobran lo que él, o peor, lo que Leire Pajín acumula en su nómina.

Una y otra vez lo único que veíamos en televisión eran las imágenes de los aeropuertos colapsados y los pasajeros lógicamente desesperados, pero absolutamente ninguna entrevista a los controladores, ni siquiera podíamos acceder a las razones que los controladores tenían para llegar a este punto, qué problemas ha habido y análisis profundos de esta situación.

Porque no podemos olvidar, a mi parecer, que para llegar a actuar de este modo, por mucho que criminalicemos a los controladores dudo que todo el colectivo sea tan malvado y tan perverso como para desear amargar el puente y las ilusiones de la gente, además de poner en peligro sus puestos de trabajo, se tiene que llegar a un límite que quizá deberíamos considerar.

Repito de nuevo, porque se que muchos estarán pensando en ello llegados a este punto a pesar de haberlo ya advertido, que en absoluto justifico ni avalo lo que los controladores han hecho este puente, pero creo que no podemos hablar por hablar.

Sea como fuere, esto se veía venir y hay muchos interrogantes que son difíciles de responder.

Se sabía que el decreto del viernes iba a producir una respuesta similar. Entonces, ¿por qué se firmó precisamente el viernes al comienzo del puente? Si la escasez de horas restantes en toda España ya se conocía desde hacía semanas, ¿por qué no se tomaron medidas anteriormente?

Solamente un día antes nos preguntábamos todos el por qué de la repentina anulación del viaje de Zapatero a la Cumbre Iberoamericana estando ya desplazados todos los periodistas con el gasto que ello conlleva. Un día después sucede esto y nos preguntamos si la razón era la previsible huelga salvaje y la dificultad de su vuelta posterior. Pero lo dudo. Me parece absurdo. Más teniendo en cuenta la ausencia de Zapatero en toda la crisis anunciando su comparecencia para el próximo jueves. Increíble, realmente inconcebible. Fue Rubalcaba quien anunció el Estado de alarma el sábado, algo inaudito, ningún pronunciamiento de Zapatero. Un estado de alarma que, como decía Luis del Pino en su blog, no se ajusta a la ley, puesto que la Ley Orgánica que lo regula exige que si el motivo es la paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad, deben concurrir además alguna de las situaciones mencionadas en los restantes apartados, esto es, una catástrofe, una crisis sanitaria o un desabastecimiento de productos de primera necesidad.

Sin embargo, si no se declaraba este estado de alarma no se podía proceder a la militarización del sector y no se hubieran podido aplicar la ley penal militar y por tanto hacerles volver al trabajo con semejantes amenazas.

Es también extraño que, aunque ya se sabía por parte del ejecutivo que esto sucedería, aparte de cancelar el viaje de Zapatero (continuo pensando que no era tampoco esta la razón final) no se previó ninguna medida ni hubo advertencia alguna para evitar o minimizar el desastre que iba a suponer para las miles de personas y familias que viajarían este puente.

Y de telón de fondo tenemos las medidas impopulares que Zapatero se sacó de la manga y la amenaza de una intervención de España que se cierne sobre nuestro país de forma cada vez más amenazante y más clara. No quiero pensar que el escándalo montado pretenda restar impacto a todo esto. Y si se puede culpabilizar a los controladores de la imagen nefasta que ha dado España ante el mundo y aumentar el desprestigio español, aún mejor.

No consigo entender por qué no se hizo de manera lógica, legal y ordenada un acuerdo para regular la situación de los controladores que estaba descontrolándose, tomar las negociaciones que estaban pendientes desde hacía un año, organizar el marco laboral del sector. Sin embargo, por decreto de aplicabilidad inmediata se resolvían las condiciones laborales de los controladores de forma unilateral. A mi parecer esto es como mínimo irresponsable y como máximo sospechoso.

Creo que no somos suficientemente conscientes de lo que ha sucedido este fin de semana.

Ya nos lo temíamos. La llegada de Rubalcaba a la Vicepresidencia nos hacía presagiar lo peor. El hombre siniestro por antonomasia al cargo del Gobierno, ya que no se pude considerar a Zapatero como la cabeza del Ejecutivo, más bien como un pelele o marioneta e incluso parecer un demente a la luz de muchas de las decisiones y declaraciones que realiza, es un peligro previsible.

Lástima que en 15 días no se puedan disolver las Cámaras, porque Rajoy debe despertar, quitarle la medalla de salvador que se ha colgado el Gobierno este fin de semana de forma inmerecida y engañosa y exigir dimisiones y elecciones anticipadas antes de que esto se nos vaya irremediablemente de las manos.

La extraña mutación de los restaurantes de la costa valenciana

octubre 13, 2010

Día de claroscuros, aunque si nos quedamos aquí, brillan los oscuros.

Día estupendo para los chilenos que rescatan por fin a sus mineros, día estupendo para los valencianos y madrileños, para la economía valenciana y el mundo empresarial con la llegada del AVE que, aunque aún no se haya inaugurado, yendo más despacio de lo que irá y haciendo la mitad del trayecto, era estrictamente necesario que hoy se hiciera el viaje preinaugural del AVE Madrid Valencia.

Pero quedándome en Valencia, me quedo en la playa que es el valor principal de esta mi querida terreta. Y no es que la playa se haya movido de sitio, que la arena haya desaparecido o que el mar quiera ir a Madrid. Ni siquiera es que se haya producido un cambio legislativo que diga que en la costa Valenciana los restaurantes que den al mar tienen demasiadas mesitas y molesten a quienes felizmente pasean por el paseo de la Malvarrosa o de Pinedo. Ni tan siquiera se ha prohibido de pronto el olor a marisco o a paella mientras uno se baña.

Me quedo en la playa valenciana porque hoy se ha terminado el plazo para desmontar las terrazas de los restaurantes de playa. Y hablaba de oscuros porque ha sido un momento realmente triste ver cómo los empleados y dueños de esos restaurantes se veían obligados a cumplir con una ley que, aunque sea de 1989, les ha venido impuesta repentinamente.

Es un tema que me enerva en extremo. Y me enerva porque no le encuentro lógica ni sentido alguno. Veamos, una ley de 1989 que “mejoraba” la del 69 para proteger el espacio marítimo terrestre obligaba a no construir a menos de 100 metros de la costa.

Hasta ahí estamos de acuerdo, nadie disfruta contemplando una mole de edificios a 20 metros del agua.

Pero resulta que en estos momentos, tiempos de crisis en que toda ayuda es poca, en que cada negocio que se mantenga y cada puesto de trabajo es oro, ahora al Gobierno, aburrido como estaba, o quizá alguno de los asesores que sigue manteniendo nuestro presidente que no estaba en la reunión de como resolver una crisis económica, se tropezó con la ley y pensó en Valencia. O quizá en los valencianos. O quizá en Cataluña. O, quien sabe, quizá pensó en la fauna y flora marina.

El caso es que era precisamente ahora cuando, examinando detenidamente unos resutaurantes, repito el término para que no se confundan con chiringuitos playeros, que en el 99 se retiraron de la playa por exigencia de la Generalitat, que están perfectamente emplazados en un amplísimo paseo alejado hasta el punto de exasperar y mosquear al personal bañista que le toca andar 10 minutos por la tórrida arena con las chanclas de protección para alcanzar el agua, y espléndidamente equipados y acondicionados, además de guardar estéticamente una total armonía unos con otros, han tomado decisiones drásticas.

A alguien se le ha cruzado los dichosos restaurantes, o a ese alguien le sentó mal alguna paella que allí degustó, y se ha decidido que las terrazas que estaban, como decía, perfectamente montadas y acondicionadas, les sobran 100 m2. Nada más y nada menos. Los 150m se reducen a 50 porque el total del restaurante no puede ocupar más. No ahondaré en el tema, pero los restaurantes ya han denunciado a Costas porque parece ser que la ley hace referencia en este punto exclusivamente a los restaurantes que se encuentren en la arena.

Sea como fuere, no, no sabemos a quien molestan las sillas en la parte delantera de un enorme paseo, no sabemos a quien molesta que la gente disfrute comiendo un buen arroz con la brisa marina, mirando al mar.

Sin embargo, parece que lo que no molestan son os chiringuitos, y aquí sí utilizo el término chiringuito, y los pescaitos en plena arena de las playas andaluzas, que más molestia y peligro tendrá para el bañista y los pescaitos marinos y desde luego menos estético será a la vista. Tampoco molestan los complejos de la Costa del Sol que buen caudal de dinero (o de efectivo) está portando a las arcas andaluzas.

Negro día para los valencianos y turistas que nos quedamos sin esas magníficas terrazas. Pero sombrío y triste día para los propietarios y sobre todo los empleados que hoy ven disminuir ingresos los unos y perder su trabajo los otros. En buen momento ZP, en buen momento.

29-S, nada más que decir

septiembre 29, 2010

Un día como hoy se merece un post en condiciones.

Y es que hoy, 29 de Septiembre, se celebra, aunque debería sustituir este verbo por el de padecer, en España la primera huelga general de la era zapateril.

Y es que no puede extrañarnos este hecho. Empecemos por el principio. Zapatero llegó al Gobierno en 2004 heredando unas cuentas saneadas, con un suprávit en las arcas públicas, la economía española en pleno crecimiento y la población optimista.

Ya en 2005 la OCDE nos avisaba que debíamos emprender cambios estructurales en nuestro sistema económico porque el sistema productivo sobre el que andábamos tan plácidamente y tan ingenuamente felices corria un grave peligro de derrumbarse porque ya comenzaban a asomar grietas que se harían visibles paulatinamente.

Pero ni tan autorizada fuente influyó mínimamente en las decsiones de nuestro ejecutivo que, irresponsablemente, dejaba a España y los españoles que bailotearan sobre ese suelo resquebrajado mientras se dedicaba a malgastar el dinero público ya que, como sin ningún complejo advertían que el dinero público no era de nadie.

Así que no se tomó medida alguna, se continuó en la dinámica que existía por inercia y todas aquellas medidas que debían acometerse entonces, en tiempos de bonanza, se desecharon por impopulares y quizá entonces incomprendidas por los ciudadanos españoles, por mero electoralismo de miras cortoplacistas.

Sin embargo, era entonces momento de aprovechar el buen funcionamiento económico para emprender los cambios necesarios, para encontrar una reforma estructural que ya se sabía imprescindible porque nuestra economía, basada prácticamente un 40% en la construcción, iba a derrumbarse, para mejorar nuestra competitividad porque ya sabíamos que los países emergentes nos estaban ganando la partida y nuestro tejido industrial se estaba ya entonces deshaciendo, para conseguir unos valores fuerza que nos dieran la oportunidad de ser punteros en diferentes ámbitos e invertir en I+D+I, para aumentar nuestra productividad porque ya sabíamos que nuestro país ocupada puestos de cola y necesitábamos urgentemente mejorar, recortar los costes laborales, agilizar la administración y recortar drásticamente los costs y el tiempo que supone poner en España en marcha una empresa.

Y, por supuesto, era aquel el momento de realizar determinadas reformas fiscales, porque se nos avisó de la que se nos podía venir encima y, en vez de guardar para los momentos de flaqueza, recortar gastos y, quizá sí, aumentar determinadas fuentes de ingresos, se optó por malgastar el dinero de los españoles en mantenerse aferrado al poder durante todo el tiempo que fuera necesario, untando a unos y otros, sin excluir, por supuesto, a sindicatos de forma particular.

Llegada la crisis que se quiso obviar, maquillar, olvidar, pero que finalmente no se tuvo más remedio que admitir al aparecer en todos los medios de comunicación y en las conversaciones de los españoles constantemente escrita la palabra crisis, vinieron los problemas.

Se retrasó todo lo que se pudo la confrontación con aquella maldición venida de, según algunos, tierras lejanas del far west y el demoníaco proceso globalizador, aunque era por todos conocido que en España nos desayunábamos también nuestra propia crisis económica.

Y mientras, cada vez más españoles perdían su trabajo, cada vez más empresas echaban el cierre, cada vez más jóvenes veían sus esperanzas truncadas, cada vez la economía retrocedía, el consumo disminuía, los pagos de aplazaban o cancelaban y el optimismo se sustituía por un amargo pesimismo y miedo ante el futuro incierto que se cernía sobre España.

Durante ese tiempo los pactos con diferentes partidos, usualmente nacionalistas aunque de billetera y propaganda, y las buenas partidas de subvenciones a los sindicatos consiguieron que el Gobierno español siguiera en su camino de no hacer nada y mantenerse en el poder.

Todo aquello terminaría estallando y desde la Unión Europea y otras instituciones internacionales además de países como EEUU o incluso China, nos exigía acometer reformas muy urgentes. Fue entonces cuando Zapatero y sus acólitos no tenían más remedio que encerrarse en un despacho y empezar a escribir en noches de desesperación, movidos por la urgencia y la improvisación del momento para salir del atolladero.

Congelación de pensiones, disminución de salarios de los funcionarios, recortes de servicios sociales, abolición de medidas sociales anunciadas a bombo y platillo, aumento de impuestos… Medidas que, además de improvisadas, eran comunicadas de forma aturullada, balbuceante, incoherente, insegura, dando pasos hacia atrás y hacia adelante, corrigiéndose entre los miembros del Gobierno o retractándose de lo dicho hacía unas horas por no saber muy bien de qué forma se iba a hacer todo aquello.

Y llegamos a la llamada reforma laboral española, capítulo aparte de todo esto, una reforma que a mi parecer es una preciosa oportunidad perdidad para conseguir realmente un sistema laboral acorde con la situación española y que mejore en un futuro nuestra economía.

Y este, supuestamente, es el motivo del enfado definitivo de los sindicatos que ha tardado varios meses en materializarse en forma de Huelga General.

Unos sindicatos apesebrados, receptores de subvenciones y ayudas con que financiar su aparato y sus comidas y viajes y sus horas extra, que ya dejaron hace mucho de responder a la razón que les vio nacer en el XIX, que ya no defienden a los trabajadores sino a sus propios intereses.

Porque si realmente en algún momento hubieran defendido a esos trabajadores que ahora reclaman su derecho a huelga, hubieran salido a la calle hace mucho, hace años, especialmente cuando los trabajadores dejaban de serlo víctimas de un paro acuciante contra el que el Gobierno no hacía absolutamente nada más que observar pasivamente, no habrían atacado a los empresarios con movimeintos como el que observamos lastimosamente el Diciembre culpándoles de aprovecharse de una crisis que no hacía más que cebarse con ellos, obligándoles a cerrar su sustento y viendo desmoronarse todo aquello en lo que invirtió su dinero y esfuerzo, hubieran presionado al Gobierno para que emprendiera medidas para solucionar todo aquello y, por supuesto, y aunque parezca secundario, no habrían dado muestra de un total desprecio a trabajadores y empresarios con videos y comilonas.

Los españoles ya no confían en los sindicatos, y prueba de ello es la escasa repercusión que por los trabajadores habría tenido esta huelga a pesar de las enormes razones que el Gobierno ha dado para protestar contra él. Sin embargo, el miedo a los piquetes y a las represalias ayudará mínimamente a disimular ese desastre que quedará más ocultado por el día escogido coincidiendo con diversas huelgas en diferentes países europeos.

Lástima que haya aún quien piense que el derecho de huelga prevalece sobre el derecho al trabajo. Porque significaría que todos los españoles tenemos un trabajo al que no acudir en esta jornada.

Ojalá podamos reírnos de esto algún día…

mayo 23, 2010

Me encantan los fines de semana. Ese momento de la semana en que todo el clan político se pone en mangas de camisa arremangada y se reúne con sus más afines seguidores en ferias de muestras, poli deportivos o pabellón similar para fidelizar aún más a esos que ya está convencidos y para que los arengamientos, los ánimos y las explicaciones auto complacientes se escuchen en los medios de comunicación.

A Zapatero este fin de semana le han hecho falta tres cuartos de hora para convencer a sus simpatizantes de las medidas que se han seguido, o se seguirán, o supuestamente y de algún modo se pondrán en marcha.

Analizando las estrategias que podrían seguir ambos partidos, me percaté del gran margen de maniobra que tiene el PSOE frente al PP. No importa que radicalicen su mensaje, que radicalicen el mensaje de su oponente como han hecho en cada campaña y día a día durante la legislatura, que fanaticen, que movilicen a la sociedad… Sin embargo, intentad solamente el ejercicio de aplicar lo que acabo de enumerar en el campo del PP y veréis como el margen de actuación se reduce notablemente para no molestar a unos o a otros, a sus sectores de aquí y de allí y no provocar una movilización oponente.

Pero en estos días que corren, comprobamos el miedo por parte de algunos sectores del PSOE de haberse quedado sin un discurso de izquierdas.

Todas aquellas bondades que Zapatero proclamaba hasta no hace mucho tiempo, se desvanecen por las circunstancias y por haber despilfarrado inconsciente e imprudentemente.

Aquello que no iba siquiera a tocar, pensiones, sueldos de funcionarios, ayudas sociales, han sentido sustancialmente el tacto del residente monclovita.

Sin embargo, me preocupan más aspectos de este asunto. Me preocupa lo que hemos venido viendo o escuchando desde el primer momento de la noticia. Cambios, bandazos, descoordinación… No se sabe muy bien que se hará, pero mucho menos cómo.

Es difícil tocar esas pensiones, y parece que mucho más es reducir el sueldo del personal público. ¿A cuales? ¿Funcionarios? ¿ Contratados laborales también? ¿Estatales o de las Comunidades autónomas? ¿y locales? Y ahora nos informa que también las empresas públicas deben aplicar este cambio.

¿Como Sr. Zapatero? Me pregunto realmente cómo va a hacerlo, cómo se va a regular esto a estas alturas de ejercicio, cómo se va a controlar una reducción salarial progresiva. Es realmente complejo, tanto su articulación como su control.

Pero nada se nos dice, nada se nos aclara. Ni siquiera entre los miembros del Gobierno pueden aclarar si vamos a sufrir un aumento de los impuestos que “perjudiquen” sobre todo a las “rentas altas”. Tras un día de descontrol terminan afirmando esta medida, pero de nuevo sin concreciones, confusa, vaga. Jamás sabremos muy bien qué son rentas altas para este Gobierno ni si será precisamente ésta una medida a la que bien le iría ese dicho castellano de “peor será el remedio que la enfermedad”, porque bien podríamos jugarnos la inversión en nuestro país siendo precisamente, si mal no recuerdo, el tejido empresarial el único que puede sacarnos de esta crisis.

Así que ayudémosle, démosle facilidades, incentivos, facilitémosle el crédito para inversión, hagamos esa necesaria reforma laboral, cambiemos el sistema productivo…

Qué lejos veo estos cambios… España empobrece, sufre las temidas deslocalizaciones industriales y enflaquece… y se mueve con un motor que envejece progresivamente más y más…

Sin duda, el futuro es incierto, y en estos momentos da miedo enfrentarse a él. Espero que tena razón uno de los dos hombres que conversaban esta mañana a mi lado en la calle “Crisis? Yo ya he vivido otras y, créeme, dentro de unos años nos reiremos de esto”

Ojalá sea así.

Aún deberíamos estar agradecidos a Zapatero

mayo 17, 2010

Deberíamos alegrarnos todos y regocijarnos en la gran suerte que hemos tenido de toparnos con un Presidente solidario y patriota, capaz de afirmar con rotundidad que es su responsabilidad pensar en España y no en su futuro.

Y es que parece ser que los recortes del gasto social que van a emprenderse como posible solución a la crisis que estamos sufriendo no están traduciéndose en votos favorables ni en palabras cariñosas ni de agradecimiento.

No se si Zapatero esperaba que todos le siguiéramos con aquella frase que siempre me negué a compartir de “estoloarreglamosentretodos”, que le apoyáramos, que le diéramos un abrazo y le dijéramos “gracias presidente, con estos recortes en gasto social traducido en ayudas y prestaciones que nunca recibiremos seguro que salimos de esta”.

Por eso nuestro nuevo salvador nos comprende. Sabe que podemos estar ofuscados con las medidas anunciadas, y por eso hoy nos brindaba toda su comprensión. “Será duro, pero lo hago por vuestro bien a pesar de que ahora os podáis molestar un poquito conmigo. No olvidéis que en su día aumente las pensiones más que la inflación para que se revaloricen el año que viene. No olvidéis que un día anuncié un cheque bebe que nos puso los 25, de 27, en el ránking europeo de ayuda a la familia. No olvidéis que un día aprobé una ley de dependencia aunque no tuviera fondos. Mi Gobierno sigue siendo el mismo de antes, tan social como siempre y que continúa velando por el bien común.”

Sin embargo, lo que Zapatero parece que no recuerde es que hace no muchos días se negaba a emprender medidas. Lo que no comenta es la presión a la que se ha visto sometido para llegar a pronunciar la palabra crisis y unirla a medidas reales, a planes, a soluciones desesperadas, por parte de la Unión Europea y de EEUU que ven a España como una amenaza.

Empezó por negar la crisis, siguió por considerarla de menor importancia, continuó con los constantes anuncios de brotes verdes en nuestra economía y terminó por no hacer absolutamente nada como mejor solución.

Cierto es que llegados al punto que habíamos llegado, pensar en una solución era complicado y, como debió haber previsto, hiciera lo que hiciera, su rédito electoral iba a descender en picado.

Las medidas debieron haberse tomado mucho antes. Incluso antes de la crisis. Entonces hubiera podido llevarse a cabo algún plan coherente y enfocado en una dirección.

¿Ahora? Ahora damos bandazos, como pollos sin cabeza, sin saber muy bien donde vamos.

El objetivo urgente es reducir el déficit para alcanzar lo establecido en el Pacto de estabilidad… o al menos hacer como que lo intentamos.

Para ello, básico, reducir gastos o incrementar ingresos o ambos unidos. El concepto está claro, pero en una situación como la actual…

Podríamos pensar en aumentar impuestos, contar así con más ingresos y poder hacer un mayor gasto social, dar más ayudas, más incentivos a empresarios y particulares para inversión y consumo, mover así la economía, más ingresos públicos… Pero ahora no estamos como para aumentar impuestos o nos comen… lo único que se produciría es un retroceso en la economía. Tachado.

Podríamos también reducir impuestos, lo cual obligaría a recortar gasto público pero conseguiría que la gente consumiera y la economía volver a tomar funcionamiento y ello retornara al erario público en forma de ingresos contantes y sonantes.

Pero visto el panorama y la experiencia, lo único que el personal haría ahora con el ahorro de impuesto es ahorrar y pagar deudas. Poco más.

Podríamos también reducir los impuestos y aumentar el gasto social… No, creo que muy viable no parece ser. ¿Aumentar impuestos y recortar gasto social? A patadas salimos…

Y todo esto ambientado en una restricción crediticia que ahoga a empresarios y familias y que va a peor…

Así que concluimos que cualquier solución que se tome ahora será nefasta, tanto para la sociedad española como para la imagen política del Gobierno.

El momento de tomar medidas pasó hace años, en el momento en que la economía española gozaba de buena salud. Sin embargo, el Gobierno prefirió ser malgastador, manirroto y gastar, gastar en lo que no debió sin tomar medida alguna, para encarrilar en alguna dirección nuestra economía.

El momento de emprender recortes que no afectaran directamente a los sufridos ciudadanos españoles también pasó. Sin embargo, resulta del todo incomprensible ver cómo esos recortes no se han producido todavía y se ha pasado directamente a los más radicales y que recaen en pensiones, sueldos y ayudas a quienes verdaderamente lo necesitan y no a asociaciones y organizaciones absurdas, Ministerios absurdos, observatorios absurdos o informes más absurdos aún, subvenciones para el cine, para partidos y sindicatos. Y para terminarlo de rematar, a Montilla tenemos que escucharlo en catalán y un traductor nos lo traducirá al castellano, lengua que parece ser, no domina.

Entonces Zapatero ya pensó en sí mismo y en su futuro. Ahora dice pensar en los españoles.

Si tanto piensa en nosotros, que nos deje elegir. Que convoque elecciones y nos permita decidir si queremos que siga, él y su Gobierno continue en el poder.

Aunque, quien sabe, quizá porque piense en nosotros no nos deje ser impulsivos e impetuosos y dejarnos llevar… y como buen padre nos dirá “yo lo hago por vuestro bien, cuando seáis mayores lo entenderéis.”