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No solo de la economía vive la crisis española

diciembre 15, 2010

Moody’s amenaza con bajar la nota de la deuda española. Menos solvencia por tanto. Con lo que disminuiría aún más la confianza en nuestro país. Estupendo. Pero Salgado dice que eso son tonterias y que ya verán estos de Moody’s como hacemos unas reformitas y arreglamos esto.

La reforma de la que hablaba Salgado con optimismo es la reforma de las pensiones que Europa nos reclama con urgencia y que ya está debatiendo la Comisión del Pacto de Toledo en el Congreso.

El próximo 28 de enero el Gobierno presentará el texto definitivo, pero parece que el camino se dirige hacia un aumento del periodo de cálculo de las pensiones y un aumento de la edad de jubilación, que con esto de que vivimos más se nos ha aguado el plan.

No me pronunciaré de momento hasta que no se defina el proyecto, sin embargo, aunque no me pronuncie sobre las medidas concretas, es obvio que es urgente y necesario emprender una reforma de este sistema. En lo que a mi me concierne, que en estos casos siempre barremos para casa, si se asegura que el sistema de pensiones está asegurado para los próximos 30 años… y yo tengo 24… ¡Solo hay que echar cuentas para que un escalofrío te recorra el cuerpo!

Viendo la situación como está, no son muy esperanzadores los años posteriores a esos 30, así que mejor empezar a tomar medidas de algún tipo o se preveen hordas de ancianos famélicos en las puertas de la Moncloa.

Pero también será necesario para mejorar la imagen de la marca España, que se encuentra por los suelos en los tiempos que corren. Y parece una tontería esta frase tópica que acabo de largar y que se escucha constantemente, pero no, no es ninguna estupidez. Es algo que realmente me preocupa, porque de esa imagen dependemos todos.

Y está de capa caída en cuanto a la economía se refiere, al sistema productivo, a la competitividad, a la productividad, a la investigación, a la industria.. pero también las instituciones y la política crean una enorme desconfianza interior y exterior.

Por lo que se refiere a esa crisis institucional, me preocupan demasiados aspectos, pero es especialmente preocupante el desvanecimiento de la separación de poderes en España. Es terrible como contamos con cada vez más y más ejemplos de la intromisión del poder ejecutivo en el resto de los poderes.

Empezando por un gobierno a golpe de Decreto, con 13 decretos-ley este año, pasando por el caso Faisán con Rubalcaba al frente, llegando a la aberrante y atemorizante politización de la Justicia española, en lo que tampoco Rubalcaba ha tenido escasa culpa.

Pero también cabe en este aspecto institucional la Administración española, duplicada (o multiplicada) lenta, cara, poco productiva y excesivamente pesada.

Si pasamos al terreno político, el tema es mucho más entretenido aunque igual de desesperanzador.

Podíamos solo desayunarnos con la claudicación del PNV y Coalición Canaria para dar oxígeno a un Gobierno al que le debería haber sido negada toda supervivencia a juzgar por las críticas que se vertían desde el mismo PNV en un momento no muy lejano como fue el Debate del estado de la Nación.

Pero una vez a salvo, Zapatero ha sido abducido y nuestro viejo conocido Rubalcaba, que si no tuvimos ya suficiente con conocerlo como el portavoz del gobierno de los GAL, saber que fue un político mentiroso, parte de un gobierno mentiroso, y que aún así no tuvo reparos en montar el dantesco espectáculo que tuvo lugar en España entre el 11 y el 14 de marzo abanderando aquella sentencia de “queremos un gobierno que no mienta”, ahora lo tenemos en cada comida como Ministro del Interior, como Vicepresidente y como Portavoz. Este amontonamiento de cargos hace que en sus decisiones tenga que contradecirse o sufrir choques de intereses, dignos solamente de un experto en desdoblamiento de personalidad para no sufrir un problema de esquizofrenia y trastorno bipolar.

Pero por si fuera poco, ahora tenemos también que digerirlo ejerciendo funciones de Presidente del Gobierno como vimos en la crisis de los controladores o en Valencia, en la presentación de Alarte como candidato, donde los militantes del PSPV, a falta de Zapatero, le gritaban Presidente a Rubalcaba. Vivir para ver.

Y es que se dice, se comenta, que reviviremos la escena de Suárez y Calvo-Sotelo, pero con unos protagonistas radicalmente diferentes y con un escenario nacional escalofriante.

Aún más escalofriante me resulta la prolongación del estado de alarma sin existir un estado real de alarma, a no ser que nos estemos refiriendo a los 5 millones de parados que hay en este país y a que podamos acabar todos como el asesino de Olot porque los clientes no pagan o los bancos embargan las viviendas.

Un estado de alarma, con las restricciones que ello supone, decretado solamente para prevenir y no hacer frente al problema ni poner solución a un conflicto que, aunque grave, es un conflicto laboral. Me exaspera leer en las redes sociales como se repite la tesis de ¿esto afecta al ciudadano medio? No ¿le beneficiará en Navidades? Sí, pues ya está, solución correcta. Increíble.

Pero si hablamos de Gobierno hay que hablar de oposición, que, por no alargarme, no la extenderé a todos los grupos parlamentarios, y solamente me referiré al Partido Popular, que para algo es el principal y la alternativa real.

Hace un par de días, nuestros sueños, nuestra esperanza puesta en nuestro principal motivo de orgullo (y en estos momentos el único), el deporte español, se derrumbaba bajo la sospecha del doping. El espejo en que nos mirábamos caía ante el desconcierto de todos.

¿Y por qué mentar esto si hablamos de política y oposición? Pues simplemente porque el portavoz del PP tuvo la feliz ocurrencia de afirmar que era Rubalcaba quien había destapado este caso en este momento para ocultar en los medios el éxito de Rajoy en el Pleno del Congreso del día anterior, quien, por otra parte, aunque muy inegniosamente, llamó a Blanco inútil total, lo cual, por muy cierto que esto sea, no es propio de un orador como Rajoy y de una cámara parlamentaria.

Y con todo este barullo nos llega el Informe PISA. Tenia que hacer mención a ello aunque a la educación española le dedicaré un post aparte. Simplemente desolador, por mucho que Gabilondo nos consuele diciendo que la educación en España “no es un desastre”. No… ¡es una auténtica calamidad!! Me preocupa este tema especialmente porque considero que la educación es la base de una sociedad, su presente y su futuro, y da verdadero pavor pensar en las generaciones que están formándose y en la que les seguirán. El sistema educativo, pero también gran parte del profesorado y sobre todo los valores que se deberían implantar en este periodo son calamitosos.

Hoy mismo aparecía un nuevo dato de la llamada “generación ni-ni”, aquello del ni estudio ni trabajo, y parece que la cifra aumenta. Cierto es que parte de este colectivo simple y llanamente no tiene motivación por hacer nada y vive bien y cómodamente así. Pero también es cierto que parte de esta cifra la componen jóvenes que no pueden estudiar ni trabajar o que ya se han formado y no encuentran trabajo. Como joven, tengo a mi alrededor un enorme número de personas muy preparadas y están descorazonadas, desilusionadas y frustradas por no encontrar un trabajo. Es duro.

De momento han habido suficientes reflexiones acerca de la crisis general que se cierne sobre España. ¡La próxima vez seré más concreta y más escueta!