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Ilusoria verdad económica

noviembre 5, 2012

Esta tarde he estado en la presentación del libro de Jordi Sevilla “Economía en dos tardes”. Lo cual demuestra que de todo se puede sacar algo bueno, hasta de una metida de pata como aquella; eso y que uno debe estar abierto a todas las opiniones.

Lo cierto es que ha sido una buena conferencia, quizá demasiado larga para el acto en que estábamos, el público, la hora y la falta de sillas para todos, pero ha merecido la pena escuchar las reflexiones que él mismo había tenido mientras y tras haber escrito este libro.

He de decir que me he ido con muy buena sensación y con muchas cuestiones dando vueltas en la cabeza.

Nos trasladaba Jordi Sevilla sus inquietudes sobre lo poco certera y fidedigna que puede ser la ciencia económica, casi me atrevería a decir que la cuestionó como ciencia. Hablaba de la diversidad de opiniones sobre una misma cuestión en la esfera económica, de la variedad de posturas, de consideraciones totalmente contrarias, de soluciones opuestas para un problema como, por ejemplo, el actual. En efecto, existen. ¿Y nadie puede decirnos con seguridad cuál es la salida? Cierto es que no hay receta alguna que con exactitud pueda asegurarnos una solución sencilla y absoluta.

Incluso apuntó a la creación de teorías o posibles salidas regidas por intereses económicos, estudios que benefician la solución de aquel que paga, pero que, curiosamente, no deja de ser certero el contenido.

Ya se sabe, todo depende del color con el que se mira, pero… ¿No hay nada a lo que podamos aferrarnos con seguridad?

Podemos tomar ejemplos, usar un método inductivo propio de la ciencia experimental, considerar lo observado y formar una teoria irrefutable… Pero los casos en economía, y en economía política, dependen de tantos factores que resulta demasiado compleja su generalización, teniendo además en cuenta que entre todos estos factores existen personas, seres humanos reales que padecen los efectos de una decisión basada en una opinión o una teoría, que viven las consecuencias, que, además, se manifiestan y votan.

Y no solo es compleja la visualización del resultado final al aplicar un teorema concreto, si no que su intensidad, su dosis, su temporalidad, provocará también que el desenlace sea muy distinto.

No es fácil sin duda, ni hay una fórmula. Definitivamente la economía no es una ciencia exacta y tampoco puede servirse de un método por el que vayamos descartando vía ensayo y error las hipótesis falsas hasta dar con la certera; las consecuencias no recaen en un micro ambiente que hayamos diseñado para la ocasión, si no en la sociedad.

Sin embargo, seguía yo pensando, aún siendo todo ello cierto, la incertidumbre, la inseguridad y la ambigüedad, esto no puede llevarnos a la renuncia o a la quietud, a quedarnos de brazos cruzados ante una situación en que una decisión ha de ser tomada.

Se habrá de tomar un rumbo y para ello, aunque resulte paradójico, escuchar la diversidad de opiniones debe ser, sin duda, una prioridad, incluso aquellas partes que defienden sus intereses, porque ellas pueden aportar nuevos puntos de vista y abundante información. Recabar la máxima cantidad de conocimientos que sea posible en el tiempo de la toma de decisión. Considerar aquellos casos previos similares o que puedan servir de guía.

Y con todo ello, dar con la solución correcta será una tarea realmente compleja, una tarea que si no puedo dejar a los economistas… la dejo a cada uno de vosotros y le doy la razón al liberalismo y al laissez faire. ¡Una conclusión un tanto paradójica!