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La extraña mutación de los restaurantes de la costa valenciana

octubre 13, 2010

Día de claroscuros, aunque si nos quedamos aquí, brillan los oscuros.

Día estupendo para los chilenos que rescatan por fin a sus mineros, día estupendo para los valencianos y madrileños, para la economía valenciana y el mundo empresarial con la llegada del AVE que, aunque aún no se haya inaugurado, yendo más despacio de lo que irá y haciendo la mitad del trayecto, era estrictamente necesario que hoy se hiciera el viaje preinaugural del AVE Madrid Valencia.

Pero quedándome en Valencia, me quedo en la playa que es el valor principal de esta mi querida terreta. Y no es que la playa se haya movido de sitio, que la arena haya desaparecido o que el mar quiera ir a Madrid. Ni siquiera es que se haya producido un cambio legislativo que diga que en la costa Valenciana los restaurantes que den al mar tienen demasiadas mesitas y molesten a quienes felizmente pasean por el paseo de la Malvarrosa o de Pinedo. Ni tan siquiera se ha prohibido de pronto el olor a marisco o a paella mientras uno se baña.

Me quedo en la playa valenciana porque hoy se ha terminado el plazo para desmontar las terrazas de los restaurantes de playa. Y hablaba de oscuros porque ha sido un momento realmente triste ver cómo los empleados y dueños de esos restaurantes se veían obligados a cumplir con una ley que, aunque sea de 1989, les ha venido impuesta repentinamente.

Es un tema que me enerva en extremo. Y me enerva porque no le encuentro lógica ni sentido alguno. Veamos, una ley de 1989 que “mejoraba” la del 69 para proteger el espacio marítimo terrestre obligaba a no construir a menos de 100 metros de la costa.

Hasta ahí estamos de acuerdo, nadie disfruta contemplando una mole de edificios a 20 metros del agua.

Pero resulta que en estos momentos, tiempos de crisis en que toda ayuda es poca, en que cada negocio que se mantenga y cada puesto de trabajo es oro, ahora al Gobierno, aburrido como estaba, o quizá alguno de los asesores que sigue manteniendo nuestro presidente que no estaba en la reunión de como resolver una crisis económica, se tropezó con la ley y pensó en Valencia. O quizá en los valencianos. O quizá en Cataluña. O, quien sabe, quizá pensó en la fauna y flora marina.

El caso es que era precisamente ahora cuando, examinando detenidamente unos resutaurantes, repito el término para que no se confundan con chiringuitos playeros, que en el 99 se retiraron de la playa por exigencia de la Generalitat, que están perfectamente emplazados en un amplísimo paseo alejado hasta el punto de exasperar y mosquear al personal bañista que le toca andar 10 minutos por la tórrida arena con las chanclas de protección para alcanzar el agua, y espléndidamente equipados y acondicionados, además de guardar estéticamente una total armonía unos con otros, han tomado decisiones drásticas.

A alguien se le ha cruzado los dichosos restaurantes, o a ese alguien le sentó mal alguna paella que allí degustó, y se ha decidido que las terrazas que estaban, como decía, perfectamente montadas y acondicionadas, les sobran 100 m2. Nada más y nada menos. Los 150m se reducen a 50 porque el total del restaurante no puede ocupar más. No ahondaré en el tema, pero los restaurantes ya han denunciado a Costas porque parece ser que la ley hace referencia en este punto exclusivamente a los restaurantes que se encuentren en la arena.

Sea como fuere, no, no sabemos a quien molestan las sillas en la parte delantera de un enorme paseo, no sabemos a quien molesta que la gente disfrute comiendo un buen arroz con la brisa marina, mirando al mar.

Sin embargo, parece que lo que no molestan son os chiringuitos, y aquí sí utilizo el término chiringuito, y los pescaitos en plena arena de las playas andaluzas, que más molestia y peligro tendrá para el bañista y los pescaitos marinos y desde luego menos estético será a la vista. Tampoco molestan los complejos de la Costa del Sol que buen caudal de dinero (o de efectivo) está portando a las arcas andaluzas.

Negro día para los valencianos y turistas que nos quedamos sin esas magníficas terrazas. Pero sombrío y triste día para los propietarios y sobre todo los empleados que hoy ven disminuir ingresos los unos y perder su trabajo los otros. En buen momento ZP, en buen momento.